Mundos de aguas y de mujer en Aqua Vitae

Mundos de aguas y de mujer en Aqua Vitae

  • Calaña, desde un cuaderno de poesía aún inédito, al menos en el papel, nos regala su abanico de emociones por el mundo que vive segundo a segundo, gota a gota. Foto del autor
    Calaña, desde un cuaderno de poesía aún inédito, al menos en el papel, nos regala su abanico de emociones por el mundo que vive segundo a segundo, gota a gota. Foto del autor

No pude asistir a la inauguración porque la lluvia me lo impidió. La lluvia y una gripe que volvió a mí como las aguas del rio de Heráclito, siempre distinto.

La labor titánica  de Jesús W. Calaña (Camagüey, 1953) con la divulgación, impidieron que olvidara a la cita pactada para un 27 de abril que, si vamos a la numerología y sumamos 7 + 2 nos da un 9 que es número impar positivo. Y está relacionado con lo ideal, con lo soñado, con la vivencia purificada y con la luz interior, pero simboliza “el fin de un ciclo”.

Todo comienza en el 1, pero termina en el 9, después continúan otros ciclos y con otros números. En esencia, esos nueve números son el primer ciclo de todos los ciclos.

La hora propuesta, tentativa, era 9 de la noche. Si lo sumamos al 9 que ya tenemos de la anterior suma, nos da 18, que numerológicamente se descompone en  1+8  y resulta otro 9. Todo apunta a un solo camino: la luz interior. Y eso es lo que veo, anoto, aplaudo de esta nueva expo de Jesús W. Calaña: Aqua Vitae.

Pareciera que entro a un mundo donde las cosas fueron soñadas. La posibilidad de imprimir la fotografía en un soporte (el lienzo) que no es el convencional (el papel fotográfico) le da a la obra plástica como otra forma de vida, y otra lectura, por supuesto.

Primero, comienzo arrastrando conmigo los recuerdos de un Alejo Carpentier que veía lo Real Maravilloso de esta vida y de aquella que nuestros mayores vivieron. Asombrado por la Historia y por la cultura que el Hombre legó a otros Hombres, Carpentier se dio a la tarea de cedernos su asombro y hacernos ver lo maravilloso de todo.

Así Calaña, desde un cuaderno de poesía aún inédito, al menos en el papel, nos regala su abanico de emociones por el mundo que vive segundo a segundo, gota a gota. Y todo pareciera fusionarse como un ciclo que nunca repite sus formas y que continuamente nos recuerda que todo es humo, o es agua, y que ya mañana nada será lo mismo.

En ese mundo de Calaña, la Mujer tiene una preponderancia muy marcada. Y es el centro de todo. Como el 9, es capaz de dar poder y de ser la luz en todos los hogares. Produce calma y sosiego, y es el único número capaz de dar vida a otro número: 9+2=11=1+1=2; 9+3=12=1+2=3.

Por eso la reverencia a la mujer como supremo acto de creación, de pureza, de tesón o sosiego. Parece decirnos Calaña, “de la mujer vinimos, a una mujer nos vamos”. Y es cierto, entiendo yo.

No es historia su lucha por la emancipación. Su continuada lucha. Y no es historia sus logros, sus victorias.

Un canto a su lado femenino, así lo veo, también. Porque Calaña se nos presenta aquí de una manera para nada usual en él. Es más mesurado, menos simbolista, sin renunciar, por supuesto, a los símbolos. Menos sabiniano, sin renunciar nunca a Sabina, claro está. Pero más Calaña en lo humano, en «lo niego todo», semejante a la noche que le impone el receso, y lo obliga a soñar sus mundos.

Mundos de aguas y de mujer.

Calaña recopila sus tres series como lo haría el poeta en un cuaderno. Tres partes que aúnan poemas y transmiten una idea, o una historia, y sacan una determinada conclusión que pudiera servir como moraleja.

Cada parte, en esta expo, tiene su propio hilo conductor, y una forma que va a la par de su contenido.

Abre el ciclo: Aqua Vitae, trabajo sobre los grises, donde el negro no es tal oscuridad, sino que pareciera un velo semi transparente sobre un fondo iluminado. El cuerpo femenino en un primer plano, o primerísimo, bañado por una tela que pudiera escaparse por la razón del aire o de la propia libertad.

La Mujer ansía su emancipación total de esa oscuridad que la envuelve. Y, cuadro a cuadro, foto a foto, parece desprenderse de todo. Y de sí misma. Y va a la culminación del Ser Humano: la libertad.

Así llegamos a la segunda parte, o serie: Terpsícore, la musa griega de la danza. La libertad produce movimiento. Todo lo que es libre se mueve. Por eso el agua es libre, y es puro movimiento. Por mucho que queramos limitarla, con muros y con recipientes de todo material, siempre será libre.

Despojada de los límites de la vestimenta, la Mujer es libre. Y así la sueña Calaña.

A puro trabajo con la velocidades, el ISO y la obturación, apertura del diafragma de su cámara, consigue que la mujer desnuda, dance y se vuelva aire, lejanía, vida.

No estamos ante la presencia de una fotografía trabajada digitalmente. Calaña es de los fotografos de cuarto oscuro, reveladores, impresoras de luz, de papel que se manipula y de efectos sobre la impresión. La era digital le llegó un poco tarde y solo acude a ella cuando le es necesario algún retoque.

El equilibrio en el diseño de sus composiciones adquiere un poderoso influjo sobre la atención del espectador. Las líneas horizontales, verticales, diagonales, en estas fotos,  nos llevan de la mano para empezar a degustarlas por donde más le interesa a él como artista y no solo a la manera occidental de izquierda a derecha. Aunque, claro está, nada es impuesto.

En el diseño, en el buen diseño, las cosas se logran a través del influjo.

Esta serie me recuerda por sus oquedades, por sus tonos rojizos, ocres, y los fondos oscuros, a Peter P. Rubens, el pintor barroco amante de los desnudos femeninos fornidos y de cabellos risos. ¿Habrá tenido esa referencia Calaña?

La libertad se extiende y la Mujer, ya libre, se da a caminar.

Llegamos así, a la tercera y última parte de este cuaderno de poesía o exposición de fotografías: Extramuros. Una fotografía artística es un poema, pero sin palabras. El poema artístico, es como la fotografía, pero con otro tipo de “imágenes”, y palabras.

Ahora la mujer es dueña de un paisaje más nuestro, más avileño. Se nota por la luz que se va recogiendo contra el ocre de la hojarasca. Se percibe en los árboles, la forma de las calles, las líneas de ese ferrocarril que, allá en su horizonte más cercano, se doblan hacia la querida izquierda.

Hermoso mensaje. Luz interior. Paz para el alma creativa de Jesús Calaña que vive como piensa. Piensa como vive. Su personalidad, de manifestación cambiante, le permite el transito por la cultura y nutrirse de ella. Ser culto no le sirve de traje, pero le da de comer porque no hace concesiones con la obra que nace en cada uno de sus ciclos.

Y se emancipa, como siempre ha querido. La mujer ya es libre y camina en pos de todo lo que es suyo desde el principio de los mundos.

Termino evocando a Julio Cortázar, ese escritor genial y argentino, que tenía la sensación del mundo como un túnel que lo comunicaba todo, como tentáculos que transmiten ideas, enlazan vidas paralelas, y nos permite estar más volcados hacia la realidad de los sueños y hacia la realidad de la otra realidad. ¿Habrá pensado también Calaña, en Cortázar?

Pudiera decirse que Jesús W. Calaña vive diferentes ciclos y que cada uno, es especial para él. En cada uno se reconoce o se niega, se tolera o se resiste a mirarse. Por suerte, en cada ciclo construye su obra artística que es perdurable y tendrá mucho más que decir en el futuro.

Calaña se adueña de las palabras de Joaquín Sabina, cuando lo niega todo, y se nos presenta al mundo, tal cuál es. Una actitud loable.