Lost in Dance de Saburo Teshigawara

Lost in Dance de Saburo Teshigawara

  • La ejecución danzaria se revela desde el inicio muy precisa, con movimientos suaves y a la vez enérgicos. Foto del autor
    La ejecución danzaria se revela desde el inicio muy precisa, con movimientos suaves y a la vez enérgicos. Foto del autor

Presenciar no una, sino dos obras del afamado coreógrafo japonés Saburo Teshigawara ha sido una oportunidad sobresaliente, gracias a la labor de Acosta Danza por acercarnos a lo más actual y destacado de la danza mundial. Basado en el espíritu cultural universalista que caracteriza a esta compañía ha traído a nuestro país a este gran artista japonés en el contexto de celebración de los festejos por el 120 aniversario de la Migración Japonesa a Cuba.

Me referiré en esta ocasión al primer trabajo presentado en el programa, Lost in dance, estreno mundial realizado en La Habana a comienzos de abril en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, interpretado a dúo por el propio coreógrafo y la bailarina japonesa Rihoko Sato, quien desde hace unos años viene interpretando sus obras, además de ser su estrecha colaboradora.

Comienza el espectáculo de esta pieza con la presencia única de Teshigawara en el tabloncillo en medio de una total ausencia de escenografía al estar reducida al empleo del color negro deltelón de fondo y los laterales.Nada más. La ejecución danzaria se revela desde el inicio muy precisa, con movimientos suaves y a la vez enérgicos. Es una técnica específica basada en la destreza y la limpieza de las ejecuciones, jerarquizado en importancia el movimiento del torso. Los pies y las piernas desempeñan un menor rango en lograr el balance de los impulsos ejercidos por las manos y los brazos, los cuales desempeñan el papel preponderante.

Se siente la entrega sublime del bailarín al acto de la danza, al punto que a mi juicio conlleva la aparición en escena de las imágenes creadasen su imaginación, cuya proyección visibilizada para el público se da con la entrada de la bailarina Rihoko Sato. Al arribo de esta, Teshigawara sale lentamente del escenario para dejarla actuar de una manera independiente, lo que significa dejarle autonomía a lo creado para mostrarse en toda su integridad.

Con Rihoko se da entrada a escena a las imágenes formadas en lo más interno de su fantasía creadora. Esa es según mi interpretación la función secreta que el personaje de la bailarina cumple en la compleja estructura de la obra. Su carnalidad está sujeta a la apariencia perceptiva pero su estatuto ontológico es la de ser un producto virtual que tiene su realidad en el pensamiento del artista. Lo que vemos es el desenvolvimiento vital de lo imaginado por el personaje gestor, siguiendo mi línea de análisis.

Es la manifestación del proceso de surgimiento de las imágenes artísticas en el trabajo aislado del artista. Razón por lo cual, el escenario en negro explicita la dimensión simbólica del espacio mental del creador durante el proceso de gestación de la obra, cuando en su aislamiento de la realidad exterior, va desarrollando virtualmente el producto artístico desde su génesis hasta su maduración. De ahí en correspondencia la extensión del lapso temporal en la intervención danzaria de ella en medio de esa oscuridad ambiental de fondo asistimos a contemplar el espectáculo de despliegue en las formas tangibles dela bailarina esa actividad creadora. Donde las interrelaciones producidas por los resaltados intercambios sucesivos de la capa entre Teshigawara y Rihoko son indicios de las prestaciones de valores y experiencias entre el creador y lo creado, de uno al otro, en un suceder de flujos recíprocos y de consiguientes crecimientos mutuos entre el personaje del creador y el personaje encarnado por su mente.

Las primeras evoluciones coreográficas y siguientes de Rihokoresponden al despliegue del impulso inicialde la energía creadora suministrada por la imaginación del bailarín-coreógrafo antes de hacer su salida del escenario. Guarda notoria semejanza con las ideas filosóficas sustentadas siglos atrás sobre la energía inicial desplegada por el Dios Omnisciente y Creador al actuar en su función de primer motor, dador del primer impulso, después del cual lo fundado por este adquiría movimiento con elevado grado de auto-transformación y de auto-determinación.Es en esta dirección de analogías en la cual el coreógrafo creo que sostiene el más profundo sentido de esta obra.

La acción de las fuerzas modeladoras recibidas de ese primer impulso juegan en lo teológico-filosófico y en la concepción artística de esta puesta, el valor de rol fundamental en el proceso de despliegue de lo creado, el cual lejos de darse de una vez, requiere la expansión de las fuerzas modeladoras que conlleva la acción transformadora de la energía vital de ese primer impulso.

Alvolverse una y otra vez sobre sí mismo, auto-explorándose, buscandonuevas facetas que lo irán conformando sucesivamente, modificándoseen la proyección temporal del libre albedrío, adquirierecomo resultado del tránsito una relativa autonomía del Dios creador, manifestado en el modo extenso y exhaustivo de las cualidades distintivas autonómicas de su singularidad como ente creado. De modo que la naturaleza de la creación divina y la artística aparecen en razón de una íntima semejanza en la profundidad del pensamiento estético de Teshigawara. Ambas son manifestaciones de la espiritualidad que tiene dos sedes, la actividad de Dios y la del hombre.

La música, traducida en danza, toma posesión del cuerpo de la bailarina. Le imprime fuerza yuna energía vital desplegada en las ejecuciones de estaa nivel corpóreo. Es ese arrebato de la entrega sin otro objetivo que la plasmación de las posibilidades de sí, a lo que se refiere el título Lost in dance. A perderse el creador e igualmente lo creado por este en la entrega total, sin freno a las posibilidades evolutivas, encontrando a cada momento la eventualidad de una nueva alternativa, de un nuevo desplazamiento, capaz de otorgarle autenticidad y originalidad a lo creado en el despliegue de ese proceso creador. En eso hay tal vez un pensamientode fuerte raíz budista--pero no solo se hallan en esa vertiente filosófica--  las ideas de potenciación al concentrarse solo en el momento temporal del aquí y ahora, sin perderse en devaneos nostálgicos por lo hecho antes y en no pretender fraguar de antemano la formulación de lo que vendrá, haciendo del presente un momentum continum, infinito y abarcador.

Lo auténtico nace de ese emerger constante, espontáneo y sin arbitrariedad, ni dependencia a cálculos preliminares, que sigue los impulsos derivados de su recorrido anterior sin por ello proyectarse a la sujeción del legado estricto a ese trayecto, ni a la dimensión racionalista restrictiva ajustada al cálculode sus consecuencias, porque tanto proyección calculada, regularidad ordenadora y azar se dan cita, coexistiendo en un fluir de intercambios mutuos e interdependencias. En ese fluir, en el dejar correr libremente las energías según se vayan sintiendo y manifestando, irán emergiendo las formas, tornándose visibles, mostrándose en una objetividad perceptiva para los demás, lo cual se nos hace explícito con plenitud representacional en el transcurrir progresivo de las formas danzarías desarrolladas por Rihoko Sato.

Es a esa energía emergente de lo más interno como manantial sin frenoque se desprende en un ritmo agitado una vez gestado el primer impulso del creador, en donde Teshigawara parece encontrar el núcleo estético fundamental del estallido germinal y subsecuente de la creación artística. Ajena al mero cálculo preliminar de la sujeción estricta a la razón para dejar un margen decisivo a la espontaneidad de la manifestación creadora de la energía modeladora de las formas, la cual se potencia como el sustrato fundamental de la construcción artística en tanto proceso a auto-desplegarse, reconociéndose en parte, extrañándose y repudiándose, buscando reacomodos diferentes. Hurgando a cada momento el modo de discursar para sí y para los demás.

Esa es mi visión acerca del valor trascendente del arte de este coreógrafo japonés porque hace escapar a la danza de la búsqueda de movimientos atractivos y diferentes para asumirlo como posibilidades auto-exploratorias de lenguajes del cuerpo que se autogestionan y emanan en respuesta directa a los lenguajes del alma con la consiguiente potenciación de sus alcances conceptuales.Va a la exploración constante de las formas que se nutren de sus propios impulsos con tal grado de genuinidad que cuanto se de en la sucesión del tránsito adquiera el brillo consistente de lo esencial.

Lo que creo nos presenta es la labor del artista sumido en sus pensamientos en la creación de la danza como apunta su título, Lost in dance, porque al participar de esa entrega tanto el creador como lo creado, adquiere valor tangible la idea estética de perderse mentalmente en el apasionado proceso de entrega desbordada a las energías modeladoras de la creación artística, en las cuales lo producido y el creador participan igualmente de su respectiva potenciación en una autoexploración permanente como constatan experimentados artistas en todo el mundo en las diferentes manifestaciones, no solo en la danza.

Los movimientos de Tashigawara y Rihoko responden a ensayos realizados por este artista y la bailarina en el esfuerzo de indagación conjunta por encontrar líneas de fuerza energética de naturaleza espiritual en la danza meditativa, alejada de gratuidades gestuales.Indagaciones corporales que le permiten incursionar en el avance de zonas frescas en el movimiento coreográfico. Podría decirse que en su virtuosismo,ambos concentran el movimiento como una especie de potenciación de la fuerza energética en ese espacio circunscrito en el cual ejecutan los movimientos.

Los estados de conciencia sustentados en la energía espiritual desbrozado de lo accesorio como sostiene la filosofía budista conducen a ambos intérpretes a un mínimo de acción concentrada que entraña una máxima fuerza. Se puede intuir sea ese uno de los métodos creativos de este coreógrafo alaplicar el principio del logro máximo en el esfuerzo mínimo: mínimo de gesticulación y de desplazamientos, fuerza concentrada, naturaleza que se auto-reconoce en el despliegue de lo esencial. De ahí posiblemente lo singular de sus movimientos que parecen negados a ejecutar disposiciones asociables a una belleza inútil, gratuita.

La belleza para Teshigawara es evidentemente el resultado de una elegancia técnica muy precisa, escrutada espiritualmente con gran economía de recursos escénicos. Lo cual se expresa en su pericia al reducir el escenario como en este caso a la nada, al vacío escenográfico que se llena con la sola presencia delos bailarines. Alcanzar lo esencial es el objetivo central de su arte. Lo esencial hasta lograr formas nítidas capaces de sustentar en amplitud de correspondencias ideas muy abarcadoras.