Vencer las ausencias

Vencer las ausencias

  • De la fuerza primigenia de la fe, del amor sin máculas hacia lo justo y lo bello —como licencia y escudo—, se arma esta poeta que avanza hacia los páramos donde la poesía es aliento contra el constante bregar. Foto cortesía del autor
    De la fuerza primigenia de la fe, del amor sin máculas hacia lo justo y lo bello —como licencia y escudo—, se arma esta poeta que avanza hacia los páramos donde la poesía es aliento contra el constante bregar. Foto cortesía del autor

Odalys Interián (La Habana, 1968) es una autora cubana que radica en los Estados Unidos. Ella siempre regresa a la Isla como se retorna al regazo materno, a la raíz, al origen. De partidas y regresos, distanciamientos, rupturas y nostalgia está también nutrida su obra, una escritura de notable espiritualidad, que viene a ser cántico para ensalzar la esperanza, e incitar a una búsqueda que va más allá de la precariedad de las circunstancias.

De la fuerza primigenia de la fe, del amor sin máculas hacia lo justo y lo bello —como licencia y escudo—, se arma esta poeta que avanza hacia los páramos donde la poesía es aliento contra el constante bregar. Sondeando/vivenciando pasajes dolorosos (que no augurios de un final) ha develado el prodigio de erigir la palabra, expresar la belleza de lo triste —índole redentora de la creación—, ante toda ráfaga de caos e incertidumbre que golpea y hace temblar los cimientos de la realidad, y del hombre mismo.

La grandeza de la poesía impide que el hombre perezca

Su cuaderno Nos va a nombrar ahora la nostalgia acaba de obtener el III Premio Internacional de Poesía Francisco de Aldana, en lengua castellana. ¿Qué trae consigo —en términos profesionales— este galardón a su carrera autoral?

Envié el libro al concurso sin imaginar jamás que pudiera ganarlo. Uno vive muchas desilusiones en ese “mundillo de los premios”, donde te encuentras de todo: desde jurados que no conocen los cuadernos premiados, hasta organizadores que no les importa para nada la literatura, sino sacar algún provecho y garantizar que los ganadores publiquen con las editoriales que apadrinan dichos certámenes y, en el peor de los casos, encuentras concursos donde los jurados ni siquiera existen y el resultado está determinado por una sola persona. Por eso fue una sorpresa y una gran alegría resultar ganadora del Francisco de Aldana, un premio que se consolida a pesar de solo contar con el prestigio de un jurado ajeno a cualquier tipo de injerencia, presidido por Alfredo Pérez Alencart e integrado por los destacados poetas Juan Antonio Massone, Ana Cecilia Blum, Beppe Costa, Lilliam Moro, Antonino Caponnetto, José Mármol y Stefania Di Leo.

Si uno es escritor quiere ganar un premio como este. Considero que es honroso ser premiada por poetas que uno ha leído y admirado; pero el premio sobrepasó mis expectativas y cumplió otra de mis metas: lograr romper las fronteras del idioma y que mis poemas se lean en otra lengua. El libro ganador ha sido traducido al italiano por Di Leo, y será publicado por Hebel Ediciones, en Santiago de Chile; estará en el portal de la revista literaria digital Crear en Salamanca para descarga libre, desde cualquier lugar del mundo. También trajo consigo la invitación a participar en el prestigioso Encuentro de Poetas Iberoamericanos que tiene lugar en Salamanca, y en la antología Por ocho centurias, un libro homenaje a las universidades de Salamanca y de San Marcos de Lima, y a los poetas Diego de Torres Villarroel y Alejandro Romualdo, donde participaron más de 210 poetas de varios países.

De acuerdo al criterio del jurado este libro mereció el premio: «porque dice, trasluce y ensambla la intimidad humana con las dimensiones de una época colosal y brumosa»[1]. Al margen de esto, ¿cómo logra Odalys Interián traducir el universo adyacente, esa realidad —a veces demasiado caótica— en versos de refinada belleza?

Una belleza estremecida de tristezas, Milho, de mucho temblor y cercanías. Poesía es una forma de esperanza, me ha enseñado que la vida no es solo esa imagen de la realidad que vemos. Tengo muy claro que, si es importante escribir desde la sinceridad, también lo es hacerlo sin olvidar la esencia y virtud purificadora de la poesía, el uso de un lenguaje estético que nombre el espanto y la desmesura, sin perder su esencia y verdad. La realidad es terrible y creo que por eso existe la poesía, ella es celebración, una protesta contra la muerte y ese destino fatídico de condenación. Es cierto que hay mucha desesperación y caos; pero igualmente hay cosas hermosas por todas partes. La grandeza de la poesía impide que el hombre perezca en ese caos de disolución y ruina que es la existencia, cuando redime de tanta angustia y nos ayuda a sobrevivir.

La poesía es un reflejo de nosotros mismos, de cómo vemos y sentimos, y qué queremos comunicar. Soy lo que escribo, en mi escritura siempre quiero dejar una emoción. A veces el lenguaje no alcanza, como decía Rilke: la belleza es el principio de lo terrible. La totalidad de lo bello es inaccesible; pero si dentro de toda la desesperanza que abunda podemos expresar belleza, esa es la grandiosidad de la poesía, su particularidad y misión trasformadora del mundo. Mi lírica lleva un poco ese propósito, no busca ser refinada, pero está comprometida a exaltar la belleza que hay en el mundo, aunque hable desde el desgarramiento y el dolor. 

Además de poeta, es también ensayista, editora y directora de la Editorial Lirics&PoetryEditions…

Es bueno ser todo eso a un tiempo y seguir haciendo lo que te apasiona. También imparto talleres de creación y práctica poética. Es algo que disfruto hacer. En Cuba visitaba las escuelas para despertar a edades tempranas el amor hacia la poesía, tengo muchas anécdotas y experiencias de ese tiempo que me llenan de satisfacción. Es bueno ayudar a la formación de nuevos poetas, descubrir y romper un poco con el mito de que «se nace poeta», y que solo unos pocos privilegiados pueden escribir. Aquí he continuado esa labor, la cual me es muy gratificante.

Lirics&PoetryEditions es una editorial joven que acaba de comenzar a dar sus primeros pasos, prefiere publicar libros que tengan algún valor literario, ya exhibe algunos títulos y tiene otros libros en proceso de edición.  

En nombrar descansa el prodigio

Usted es cubana, aunque radica desde hace varios años en los Estados Unidos. ¿Cuánto ha escindido o, por el contrario, ha incentivado su obra esta condición de mujer/madre/poeta que (des)vive en las dos riberas?

Uno jamás se va de las cosas que ama. Uno siempre regresa, y si se es cubana la isla siempre te acompaña, no te desprendes de ella jamás. Entonces tienes dos visiones de la vida y la realidad, dos universos de reciprocidades llenando tu cabeza, la memoria del pasado y del presente, el diálogo con la realidad opuesta o semejante, sitios, gestos, costumbres que comienzan a integrarse desde una nueva transición, hasta hacerse sustancia propia, resistente. Y la poesía es ese lugar de resistencia, un modo de vivir que vence sobre la desolación, la precariedad y la angustiante rememoración. Es un tránsito en la búsqueda de una verdad esencial, de la identidad y del conocimiento de sí mismo en una dimensión absoluta.

Desde la llegada a este país, la tristeza y la nostalgia comenzaron a escribirse, luego la sensación de no pertenecer a ningún lugar, el desarraigo, lo que empezaba a significar estar lejos de todo lo que quieres: hijo, nieto, madre, hermanos, amigos. Tan solo me llevó tres meses escribir el libro Ese mar que me vence, un cuaderno de pérdidas y desgarres, de imposibilidades y abandono. La relación memoria —nostalgia es el asidero de todos los cubanos, los de aquí y los de allá. Para salvarse de la pérdida en nombrar descansa el prodigio. Si uno nombra lo ausente las cosas siguen estando ahí. Las palabras tienen esa resonancia curativa, crean presencia, y la poesía además de ser una maldición que salva, es también un modo de vencer las ausencias.

Desde su status de autora que reside lejos de la tierra natal, ¿podría hablarse de una poesía cubana nacida en la isla, y de una poesía también cubana, aunque escrita desde lo que algunos han dado en llamar la «Diáspora»?

Creo que sí. En la presentación de mi primer libro de poesía Respiro Invariable; Jesús David Curbelo resaltó el hecho de que mi poesía fuera extremadamente intimista, apenas tenía lecturas de poesía y me eran desconocidos muchos autores. Escribía entonces para un público muy reducido, una poesía intelectiva, hermética, oscura, y altamente simbólica. Luego hubo un estallido creativo desde mi llegada a Miami.

Mi obra no ha dejado de ser intimista; aunque ha ido incorporado otras voces. Me interesa la poesía que se preocupe por el hombre en general, me importa el sentir colectivo de las circunstancias, la voz que alivie a una mayoría. Me ocupo en construir y trasmitir emociones, la interacción con un público que lee inmediatamente lo que escribo, ese contacto con los lectores directo e inmediato favorece mucho mi vena creativa.

Escribo un libro tras otro en un corto periodo de tiempo, actualmente suman ocho los libros de poesía, un libro de ensayos, y otro de cuentos inéditos, además de colaborar con artículos para varias revistas, y participar en múltiples antologías de poesía y narrativa. Las redes sociales han sido de ayuda para promover, divulgar y darme a conocer como autora. Escribo pensando en mis lectores, interactuando con ellos me adapto a ese público que a veces tiene diferentes gustos y preferencias a la hora de leer. Trato de complacerlos sin dejar de complacerme a mí misma. Aunque he incursionado en otros géneros, para muchos mi narrativa no se separa de lo poético. En mí esa mixtura es inevitable y consciente. He celebrado un pacto con la poesía, un pacto de lealtades. Me siento tan cómoda escribiéndola que no me importa escribir alguna otra cosa y, si acaso lo hago, el discurso no se aparta de la lírica ni del tono poético; si me salgo acabo sufriendo mucho, de ahí que no avance una novela que comencé hace algunos años.

¿Considera que existen tópicos, estilos, propuestas poéticas que permiten una mejor inserción en el mundillo editorial?

Considero que debía importar la poesía toda si está bien escrita, y no tanto los tópicos, ni el estilo en que se escriba; pero sabemos que no es así. Lo cierto es que parece triunfar un estilo esnobista que privilegia lo vulgar, lo prosaico, con una retórica que se desgasta con rapidez por la insuficiencia de imaginario, con anécdotas insulsas y rememoraciones banales. Lo peor es que se justifica con la idea de que estos libros venden y que le interesan a un público mayoritario. En relación a los premios vemos también de todo. No generalizo porque sé que hay editoriales comprometidas con el arte, y muy interesadas en promover buena literatura. Editoriales que apoyan a noveles, a escritores del exilio y a nuevos autores con propuestas novedosas. Es diferente en todas partes. Sabemos lo que pasa en nuestro país, conocemos quiénes son los únicos que tienen el privilegio de publicar escriban lo que escriban. Se mira con sospecha a los nuevos autores, así que no importa si eres buen escritor o si tienes un buen libro, eso no garantiza que vayas a publicar y aunque publiques, a veces no sirve de mucho.

Hay muy buena poesía escribiéndose en Cuba que sigue en el anonimato sin poder insertarte en el panorama literario actual. Aquí ocurre lo inverso, hay movimientos de escritores haciendo mucho ruido, donde la gran mayoría de sus miembros no saben escribir, cuentan con libros autopublicados, reciben premios en certámenes que la organización apadrina, se toleran y promocionan porque necesitan de esos miembros para poder subsistir. Así que si pagas, te publican el libro, no importa que tan malo sea, ni los temas o los tópicos que escojas, que a veces nada tienen que ver con la literatura. Se publican muchos libros de espiritualismo y superación personal, y tan mal escritos que no logras pasar de la primera página. Aun así, se les da enorme difusión. La imagen que me crea todo esto es la de una mafia literaria, posesionándose del medio y controlándolo todo.

El ambiente intelectual es bastante cruel y está plagado de ego y malas intenciones, de pseudointelectuales, escritores de pose y no de oficio que buscan promoverse e insisten en erigir su torre babélica para establecer un sistema único con su liderazgo, como si eso pudiera ocurrir en el arte o la literatura.

En cada generación de poetas existe una cofradía que gira a partir de personas que son figuras cumbres, sobresalen o han sido premiadas o exitosas. Lo que se escribe estará regido por ciertos patrones y propuestas de esas voces de vanguardia, o de la llamada modernidad. Dentro de una misma generación literaria se leen a los mismos autores, y por eso hay grupos que tratan temáticas similares, no es que todos escriban iguales; pero hay una individualidad colectiva que en cierta forma armonizan, y en ciertos puntos se influencian, se repiten. Una gran mayoría de escritores andan detrás de los libros premiados para leerlos y ver que los hizo singular a la hora de ser seleccionados dentro de muchas otras obras, y entonces imitar de cierto modo lo que a juicio de un jurado es lo auténtico, o es la mejor poesía que se está escribiendo hoy. Imagino que igual estarán haciendo las editoriales, aunque casi siempre no es promover buena literatura lo que interesa y podemos verlo.

Cuando todo en derredor se vuelve indolente

¿Es cierto que existe una anécdota personal —digamos dolorosa— donde casi resulta encarcelada? ¿De qué manera marcó este pasaje vivencial al ser humano, a la poeta que es hoy?

Fue un suceso que no pasó a mayores, solo quedó en citatorio para los tribunales y en pura amenaza. No fue por cuestiones políticas —quiero aclarar; pero cuando eres un ciudadano que respetas la ley, es duro ser tratado como un delincuente y mucho más si es por defender a tus hijos, que realmente es la principal responsabilidad y deber que tienen los padres: protegerlos máxime cuando te falla el sistema. Entonces no tienes opción, cuando todo en derredor se vuelve  indolente, y existe una delincuencia establecida, un barrio dividido y mucho temor, cuando existen jóvenes enfermos de odio que han perdido la cubanía, sus valores, y se atacan entre sí, cuando a nadie le importa el deterioro de esa juventud ni el llanto, ni la queja de cientos de madres  desesperadas, cuando te cansas de pedir que alguien haga algo y no viene nadie en tu ayuda, y los jóvenes se mueren, y los hijos son amenazados, entonces nada te detiene.

De ese tiempo aprendí, como en la parábola del juez injusto, que la perseverancia tiene sus frutos. Jamás me di por vencida, ni me dejé intimidar, ni desistí de hacer lo correcto. Fue un tiempo de entrenamiento, de donde salí como acrisolada por fuego. El miedo no me paralizó, mas sí se fortaleció mi confianza en Dios. Aprendí que la poesía salva tanto como la fe y que puede escribirse el dolor, la impotencia y la tristeza. Mi poemario Sin que te brille Dios es prueba de eso y, aunque parezca contradictorio el título, es un libro de fe, recordación, autenticidad indoblegable y de fidelidad, un libro que me ayudó a canalizar todo el grosor del sufrimiento que estaba experimentando, y a sobrellevar la angustia y la desesperanza mientras esperaba mi salida del país.

La poesía es un reino de libertad

Encuentro en su obra un diálogo abierto, directo con la religión, con Dios [2] …

Si la Poesía es el lenguaje de la Creación —como decía Huidobro—, también contiene la voz y presencia de la divinidad. Hay espiritualidad en el hombre y la poesía es un canto de comunión absoluta y de reconciliación; es otra certeza del sentimiento del amor de Dios hacia toda su creación, en especial al hombre. Dios quiere ser sentido en nosotros, como dice en verso Rilke, y nos ha dado la mejor forma de sentir y trasmitir esa sensibilidad usando un lenguaje: el de la poesía.

No hago separación: para mí Dios y poesía se corresponden. La segunda pone en mí un incentivo y a la vez la responsabilidad de sentir y expresar no sólo lo que es visible, sino la energía que hace que las cosas existan, ese fondo que sostiene toda la percepción, el conocimiento del Todo inaccesible. Se nos dio la poesía y la palabra como herencia, estaban antes de que llegáramos aquí, y sirven para revelar mucho del misterio y los sinsentidos de la existencia. Mi poesía es temblor, lleva ese leve pánico que provoca estar frente a la inmensidad y lo desconocido, ante la riqueza del hallazgo y la continuidad. La poesía sirve para encontrarnos o reencontrarnos, hallar respuestas, seguir en la búsqueda de la palabra o el Verbo originario que traspase el cuerpo de silencio de Dios y nos revele la verdad esencial. La poesía recoge esa vibración, repite el eco y el temblor de Dios en el corazón de todos los hombres, todavía tiene mucho que decirnos. La cuestión será si sabremos escuchar. 

Siendo obvios, casi constantes los códigos religiosos en su obra, pregunto, ¿se ha convertido este tópico en una «zona de confort» en el oficio escritural? ¿No teme la autora a las etiquetas, los encasillamientos que —usualmente— provienen de la crítica literaria?

La poesía necesita determinadas constantes, obsesiones, temas que configuren ciertas peculiaridades manejadas con equilibrio. Un balance es necesario entonces, el poeta es un adiestrado, necesitas al irse, tiene que desaprenderse, desanclar la materia aprendida, encontrar nuevas maneras de explorar y trasgredir la realidad. Hay mucho estímulo donde quiera que miremos, solo el poeta sabe captar ese instante para devolverlo y hacerlo trascendente. El sentir religioso y la religiosidad imbricada en los versos llegaron a convertirse en el eje discursivo de la Loynaz—16 sonetos a Cristo, ¡válgame! Yo ni siguiera he escrito uno. Los códigos religiosos están contantes en su obra y en la de muchos autores: Rilke, Dylan, Vallejo, por mencionarte solo algunos, y así desde Cantar de los cantares, desde San Juan de la Cruz, desde la mejor tradición hasta hoy encuentro profundos simbolismos y acentos bíblicos, repitiendo un discurso inagotable, abriendo un diálogo con el Absoluto que no termina.

Dedico con igual intensidad libros al tema de la muerte, la desesperanza, el amor, el milagro de la vida. Los que conocen mi obra saben que no hago proselitismo con mi poesía, y que tampoco es un panfleto de religiosidad, ni Dios está atado al concepto estructurante de “culturao como intextualidad. No hay dobleces, ni poses, ni simulaciones. Dios es en mí una forma de pensamiento, una disposición, y es un estilo de vida, siento que no puede encasillarse lo que lleva el sello de eternidad, la belleza, el amor, la verdad y la vida, son temas que nunca serán agotados. Amo la poesía porque es un reino de libertad, está en renovación constante, es búsqueda, descubrimiento, riesgo, impulso, avance, se alimenta de tiempo, de futuro. Llena de esa incesante apertura de la experiencia íntima para acceder a otra experiencia superior. La poesía es esa zona de confort de la que no quiero salirme y como ella detesto la inmovilidad, repetirme, hay siempre una urgencia (la urgencia viva de estar en movimiento hacia el propio ser), y mucho inconformismo, quizás eso justifique un poco ese síndrome o compulsión que padezco: soy obsesiva, voraz a la hora de leer y de escribir, cada vez más consciente de que por ahora la perfección es inalcanzable.

Si tuviera que emitir un criterio sobre su propia obra, ¿cómo se juzgaría Odalys Interián dentro de la efervescencia literaria a la que pertenece?

Una obra que no puede desentenderse de su entorno afectivo, su mundo verdadero en la vida diaria o en los recuerdos. Poesía que busca la verdad, poesía del silencio interior que presiente vivimos tiempos finales, que busca amparar al hombre, señalar un camino hacia el Todo glorioso que es Amor donde renace la fuerza de la vida. Poesía de la esperanza, un canto de consolación que abraza la existencia y es abrazado, que desde la transparencia de sus imágenes es solidaria con el dolor de todos.

Notas:

[1] Cfr. La cubana Odalys Interián obtiene el III Premio Internacional “Francisco de Aldana” de Poesía en lengua castellana. Crear en Salamanca. Sobre los misterios de la creación literaria (http://www.crearensalamanca.com/la-cubana-odalys-interian-obtiene-el-iii-premio-internacional-francisco-de-aldana-de-poesia-en-lengua-castellana/).

[2]Cfr. Respiro invariable, Editorial Extramuros, 2008, Cuba.Salmo Y Blues, Editorial Espiral Publishing, Estados Unidos, 2017. Sin que te brille Dios, Editorial Lirics&PoetryEditions, Estados Unidos, 2017. Nos va a nombrar ahora la nostalgia, en proceso editorial, entre otros.