Cuestión de identidad

Cuestión de identidad

  • Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora
    Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora
  • Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora
    Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora
  • Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora
    Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Fotos cortesía de la autora

Elizabeth Reinosa Aliaga (Granma, 1988) es una autora que ha venido ganando espacio dentro de las voces jóvenes que conforman el paisaje literario de la Isla. Ella —que afirma no haberse definido todavía como creadora— sondea/experimenta en varios géneros de la creación, los cuales abarcan la poesía (verso libre y décima), la narrativa, la literatura para niños y el periodismo cultural.

Justamente esta experimentación es la que le ha permitido salirse de esas zonas que la propia autora ha dado en llamar “posiciones de comodidad que impiden la búsqueda y la sorpresa”. Y aunque el trabajo del escritor nunca lo ha percibido como un status de bienestar, no deja de sentir apego y ganas de seguir cultivando el oficio de la escritura, pues más que una necesidad, está convencida que es —sobre todo— una cuestión de identidad.

Entre otros reconocimientos, has recibido los premios de Décima Francisco Riverón Hernández 2015 y Ala Décima 2017. Más allá de eso, ¿qué le ofrece —desde lo escritural— esta arista de la poesía a la autora que eres?

La décima me ofrece caminos, como la poesía toda. Escribo décimas porque lo elegí. Un día decidí jugar con la estructura y vi que podía hacer con ella lo que yo quisiera, soñar un universo dentro de ese tejido, fluir junto a las palabras y ser sincera incluso detrás del antifaz. Disfruto mucho la poesía que me aporta motivaciones, obsesiones, posibilidades, la que me hace reflexionar. Me gusta salir de mi zona de confort, sin dramatismos, más bien con un sentido lúdico. Percibo la décima entonces como una inyección de adrenalina. Una montaña rusa tal vez. Todo el tiempo evito la montaña rusa “real”, por eso intento simularla en mis poemas.

Es conocido que en la mayoría de los concursos literarios premian mucho más la poesía de verso libre sobre la Décima. ¿Qué conjeturas al respecto?

Percibo una creencia errónea de que el verso libre siempre va a ser más novedoso —en lo que plantea— que la poesía rimada/con métrica. Por eso tal vez se premia mucho más el verso libre que a la décima, incluso se hace distinción y se separan en las bases de las convocatorias. Pero creo que no hay que abrumarse con esos hechos. El decimista o todo aquel que se acerca al ejercicio de la décima considero que lo hace por placer y/o ejercicio poético, más allá de premios y reconocimientos.

Algunos autores, críticos, e incluso lectores hablan de la necesidad/importancia de “defender” la Décima como forma de creación poética. ¿Consideras en alguna manera —digamos correcto o preciso—ese postulado de “defender” este perfil de la poesía?

Por dos razones no creo que la décima deba ser defendida. Primero: ¿defenderla de qué o de quién? Segundo: si la defiendo ¿la creo vulnerable? Hay muchos ejemplos de ejecuciones magistrales dentro de esta estructura. También opiniones encontradas con respecto a un estancamiento actual de la décima, pero no han existido hasta ahora estudios profundos que arrojen luces sobre este fenómeno. Del desconocimiento nace la incomprensión, el rechazo, pero también la victimización. Creo que hay mucha diversidad en la décima que se está escribiendo actualmente, mucho verdor, lo cual da garantías de continuidad. Las épocas doradas las va marcando el tiempo. En lo personal, admiro mucho a los decimistas que logran encauzar su voz poética dentro de la décima, salir de los lugares comunes no solo desde el punto de vista técnico (rima, métrica, partición de versos) sino también desde lo temático. Por eso, ante la policromía de la construcción y el ejercicio que se evidencia en la décima, hablar de la “defensa” de la misma me parece más ofensivo que el hecho de ignorarla.

En relación a tu cuaderno Striptease de la memoria (Editorial Montecallado, 2016) el crítico Virgilio López Lemus expresó [1]: “Entonces ‘ataca’ asuntos tan universales como la soledad, el temor, la infancia, el dolor, la muerte, la propia poesía (‘un cántico que murmuro’), difícil diálogo con la ‘esperanza’ (‘como plan de resistencia’), todo lo cual conduce al poemario a un entramado expresivo existencial, de un ‘yo’ sensible frente al mundo”. Al margen de eso, ¿ha sido —es— este libro lo que esperabas?

Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Casi siempre, en medio del proceso de edición o al tener el libro en mis manos, experimento una especie de pudor o miedo escénico. Con Striptease de la memoria me sucedió algo así, una sensación de indefensión frente al lector, pero lo que he recibido a cambio ha sido gratificante. A pesar de ese temor al público, nunca sentí el libro en desventaja por ser un cuaderno de décimas y la retroalimentación con los lectores ha sido lo mejor de todo. Incluso en la lectura de los colegas y las reseñas que han hecho de Striptease… he advertido respeto y empatía. Así que este libro ha tenido un feliz nacimiento.

Muchos de tus premios literarios están relacionados con la Décima. Partiendo de esta observación, ¿temes ser valorada/encasillada solo como “decimista”?

Realmente sí lo temo, pero es un temor positivo, ya que me ha permitido explorar otros géneros y caminos dentro de la propia estructura, porque las posiciones de comodidad impiden la búsqueda y la sorpresa.Pero creo que también es contraproducente pensar demasiado en lo que los demás piensan, si te encasillan o no, porque se va perdiendo la espontaneidad y ocurre que a veces termino renunciado a una parte de mí: si me piden poemas para una revista o antología envío siempretextos en verso libre, por lo cual en estos conjuntos no hay rastro de mi obra en décimas. Yo misma no he logrado definirme aun dentro de la creación poética y es porque estoy en ese proceso de aprendizaje constante y en esa búsqueda de la esencia individual. Entonces, no creo que se pueda encasillar a un poeta en formación. Queda mucho camino por delante y considero que es el tiempo el que debe hacer las valoraciones.   

Tu creación no permanece solo en el ámbito de la poesía, también acabas de publicar una novela para niños por la Editorial Sed de Belleza…

Las Seis en punto fue una alegría inesperada que me regaló Sed de Belleza en el 2017. En este libro recreo un universo que parte de la realidad: un barrio de Cauto Cristo, Granma, donde transcurrieron los años más felices de mi infancia.

Imagina a una niña bruja de la ciudad y a un niño (aprendiz de escritor) del campo. Ambos emprenden una travesía por Las Seis en punto el lugar donde se fusionan sus dos mundos. Una bruja despistada llamada Fredesvinda, Musíquiris, Ñogros y las vanidosas Muy Muy son algunos de los seres que protagonizan esta aventura. Creo que los niños pueden disfrutar mucho la novela. Pero en ella no van a encontrar muchos conflictos de moda, en ella no hay adultos calamitosos ni niños infelices.

Recientemente participaste en el Festival Internacional de Poesía José María Heredia 2018, en México…

El festival de Toluca fue un encuentro de voluntades: del Ayuntamiento de Toluca que apoyó financieramente el evento; de Jorge Contreras que fue el alma que hizo posible toda esa magia; de cada uno de los poetas que participamos —algunos cruzaron el Atlántico para asistir al encuentro—; pero también del público toluqueño que nos recibió con tanto cariño y abrió todas las puertas para que la poesía fuera posible. Yo disfruté enormemente la visita a las escuelas. Fui a una preparatoria y quedé sorprendida y encantada con el interés que mostraron los alumnos ante nuestra poesía.

El evento logró reunir a más de 150 poetas de una treintena de países y fue de un alto nivel poético, con una diversidad estética impresionante. Todos teníamos mucho interés de compartir poesía y amistad y eso se hizo evidente desde el primer día.

Creo que lo esencial de los festivales radica en la posibilidad de poner la obra al servicio de la gente y de establecer una sintonía entre los poetas que logre trascender las fronteras geográficas. En Toluca nacieron proyectos que comenzarán a dar frutos muy pronto.

¿Es cierto que trabajas en un proyecto de antología poética de tema amoroso y erótico, integrada por voces de autores jóvenes?

Cierto, Milho, y me siento muy feliz de haber emprendido esta aventura literaria. Ha sido un trabajo arduo, donde ha primado sobre todo el respeto hacia la obra de nuestros colegas. La antología pretende ser un breve muestrario/abanico de estéticas. Algunas voces más consagradas, otras incipientes, pero todas abordando la temática erótico–amorosa con mucha autenticidad. El trabajo de selección ha demorado casi tres años, pero creo que muy pronto el lector cubano y los autores reunidos tendrán en sus manos ese Temblor de luz (breve muestrario de poesía amorosa y erótica) 50 poetas jóvenes.

Desde tu experiencia como poeta y antóloga, ¿Qué esencias percibes o definen la hornada literaria que integran los poetas más emergentes?

Prefiero hablar de percepciones porque ellas dan margen a las profundizaciones y a las controversias —que me encantan. Creo que esas voces emergentes conforman una sintonía colorida, llena de matices, de intensidades. Advierto búsquedas muy diversas aunque también ciertas preocupaciones/tendencias hacia lo social y lo histórico que en ocasiones se me antoja recurrente. Pero es alentador saber que —en materia de poesía— lo que se publica no es lo único que existe, hay mucha poesía inédita pujando por salirse de ese canon temático. Creo que es un buen momento para mirar más hacia afuera, hacia el mundo. En este sentido las antologías poéticas entre varios países resultan mecanismos para conocer otras voces, otras realidades y perspectivas que sirven para nutrir y explorar nuevas posibilidades.

“Mi propia mano examina/ cada lesión,/ cada espina,/ mi propia mano golpea,/ me conduce a la marea,/ pero mi cuerpo retorna a la semilla”. Al leer estos versos de tu autoría pregunto, ¿por qué Elizabeth Reinosa regresa siempre al verso, a la poesía?

Milho, yo siempre tuve bien claro que quería ser escritora. Por lo general las niñas sueñan con ser maestras, enfermeras, actrices, cantantes y cuando crecen terminan siendo económicas, periodistas, arquitectas, diseñadoras. A mí también me sucedió eso en cierta medida, sabía que quería ser escritora y decidí estudiar Ingeniería en Ciencias Informáticas. Pero la satisfacción profesional es uno de los pilares de la felicidad. Después de muchos años decidí seguir el camino trazado desde el principio y aquí estoy, redefiniéndome. Nunca vi el oficio de escritor como una posición de comodidad, todo lo contrario: sabía que podía ser un estigma, una herida sangrante, pero detrás de esa angustia —a veces mezclada con cierto masoquismo—  había una alegría inmensa y un deseo de regresar siempre. No creo que sea cuestión de necesidad sino de identidad.

Notas

[1] Cfr: Atento a Elizabeth Reinosa Aliaga, Virgilio López Lemus. Cubaliteraria, Ediciones Digitales