Se mueve, pero no suena

Se mueve, pero no suena

Pasó el Caracol UNEAC 2020 por Facebook, por YouTube, por Cubavisión. El ejecutivo de la Asociación de cine, radio y tv se propuso no suspenderlo a pesar de la pandemia y buscó todos los espacios disponibles en las diversas plataformas comunicacionales para que no sólo los panelistas expusieran sus valoraciones, sino para que todo el que quisiera participar lo hiciera.

Se trató de la radio y las nuevas tecnologías, de las nuevas posibilidades de producir cine gracias al fondo que se ha creado, y en el homenaje a los 70 años de la TV Cubana, volvió a salir la necesidad de la multimedialidad imprescindible en tiempos de INTERNET.

Salieron a relucir los problemas de conectividad en los empeños de difundir las obras, los autores, los talleres y eventos. Y también el hecho de que muchos realizadores, investigadores, críticos miembros de la UNEAC carecen incluso del primitivo correo electrónico.

Y esas deben ser algunas de las razones para que el Caracol como evento para propiciar intercambio, reflexiones, participación activa, se mueva, pero no suene como debería hacerlo una propuesta encaminada a sostener un espacio anual donde se pueda teorizar sobre cine, radio y tv para contribuir al mayor progreso en esos medios.

No es un asunto nuevo, ciertamente. Hace años que los esfuerzos desde la sección de crítica, principal responsable, y la Asociación no se ven bendecidos   por los medios difusores a pesar de que los trabajadores de esos medios son miembros de la UNEAC como realizadores, investigadores y críticos.

Tampoco es notable la participación ni en poner en práctica los aspectos estéticos, artísticos, conceptuales, técnicos, organizativos de la producción que se discuten año tras año, ni en la abundancia de opiniones en las plataformas existentes, ni en las investigaciones que se muestran, lo cual requiere análisis y motivaciones para dinamizar ese panorama.

Con esos antecedentes fue un esfuerzo meritorio realizar online el Caracol 2020 y hubiera sido muy importante la posibilidad de ver los paneles en las tardes de Cubavisión, si se hubiera hecho una publicidad adecuada que avisara con tiempo a los interesados, pero lamentablemente no fue así y muchos televidentes se vieron sorprendidos y otros no se enteraron.

El evento teórico del Premio Caracol surgió hace más de 40 años y fue el primero en provocar la reflexión sobre las producciones radiales, televisivas y cinematográficas. Mantiene su pertinencia porque esos medios comunicacionales siguen existiendo y están requeridos de una relación más intensas con INTERNET, una presencia más efectiva en las redes sociales, de otros lenguajes, modo de hacer para atraer a nuevos públicos y defender la cultura nacional en todos los ámbitos.

Es justa cierta satisfacción de los organizadores del Caracol 2020 porque lo hicieron y por primera vez usaron los recursos de las nuevas tecnologías y aunque con evidentes impericias, lógicas por la novedad, lo ubicaron en redes y en la pantalla televisiva, un valioso aprendizaje para continuar aprovechando esas plataformas como vehículo indispensable en estos tiempos porque esas plataformas son los escenarios de la comunicación actual.

Pero para que ese interés cumpla su mayor y mejor objetivo, la membresía de la UNEAC requiere contar con los recursos técnicos para ser participantes, no sólo del Caracol, sino de la defensa de los valores que están siendo atacados profusamente en las redes sociales. Se mueve el Caracol, pero tiene que sonar más.