Puñales por la espalda

Puñales por la espalda

  • Portada del filme
    Portada del filme

Saqueada por el cine, la obra de Agatha Christie no solo sigue tentando a los realizadores con títulos que cada cierto tiempo concretan nuevas versiones (Diez negritos, Asesinato en el Orient Express), sino que ha sido capaz de crear una impronta reconocida al instante por los seguidores de la escritora inglesa.

Atmósferas de «esto huele a Agatha Christie», que no necesariamente responden a una de las tramas inductivas de la creadora de los detectives Hércules Poirot y Miss Marple, y que provienen de relatos que le rinden homenaje, o la parodian, y tal es el caso de Puñales en la espalda (Rian Johnson, 2019), visto recientemente en la televisión.

Escritor de sus propios guiones y polifacético al punto de que va y viene de la ciencia ficción al policiaco negro, Johnson sorprende con una trama de guiños humorísticos en su más diversa escala, que bien pudo firmar la gran Agatha, aunque difícilmente con los tintes livianamente morales y sociales que ahora se respiran, ella tan dada a la frialdad de sus personajes.

Decía Chesterton, autor de la irrepetible El hombre que fue jueves y creador de las aventuras detectivescas del afable Padre Brown, que «si uno sabe qué añadir y qué quitar, se puede demostrar cualquier cosa de manera convincente». Y repetía una aparente verdad de Perogrullo, pero que no siempre se plasma con la efectividad requerida: «lo importante es mantener al lector en suspenso para que no descubra el enigma antes del “giro” final».

Puñales en la espalda, con toques provenientes del clásico ¿Quién lo hizo?, de Alfred Hitchcock, sorprende lo mismo a los conocedores del género que a aquellos que, por su edad, se acercan por primera vez a un cine policíaco más cerebral que insuflado de espectacularidades físicas. De nuevo la misma señorial mansión colmada de familiares con motivos para beneficiarse de la muerte de un patriarca, en este caso el escritor que encarna Christopher Plumier. Y por supuesto, la aparición de un policía que no podía parecerse a ningún otro antes visto y aporte del magnífico actor que es el inglés Daniel Craig. Magnífico –valga la aclaración– mucho antes de convertirse en el último intérprete del eterno estereotipo James Bond, personaje al que, sin embargo, Craig ha sabido impregnarle un aire renovador dentro de los clichés exigidos por los adoradores de la saga.

Rian Johnson escogió con tino a cada uno de los actores para encarnar a los personajes de esta urdimbre  de pistas falsas y mentiras, en la que nada es lo que parece ser  y en la que el realizador da pruebas de saberse de punta  a cabo las formas y mañas de Agatha Christie para, a partir de ahí, recurrir a una  parodia entretenida y simpática, que en lo absoluto atenta contra los cánones establecidos por la llamada reina del crimen, más bien los descodifica y les insufla un aire muy propio, al que mucho aporta la actuación de la cubana Ana de Armas como la enfermera de la víctima y protagonista de un cierre de historia de cien puntos.

Estimula esta película inteligente y con un fino calado social y humano en tiempos en que, superhéroes musculosos y de poco seso, siguen amenazando con devorarnos.

(Tomado de Granma)