Mujeres en la escena musical

A propósito del Día Internacional de la Mujer

Mujeres en la escena musical

  • El enfoque de género en las investigaciones sobre música en Cuba no es aún una perspectiva sistemática. Foto tomada de Internet
    El enfoque de género en las investigaciones sobre música en Cuba no es aún una perspectiva sistemática. Foto tomada de Internet

Los estudios sobre las mujeres en la música han tenido un ascendente desarrollo  en el contexto latinoamericano a partir de la incorporación  del análisis de género que ha facilitado la comprensión de la sólida unidad que existe entre la opresión sexual, la división sexual del trabajo y la estructura económica de clase.

El ejercicio musicológico de investigadores latinoamericanos y de otras geografías, ha creado  en  el campo de la mujer y la música espacios de reflexión y amplios catálogos bibliográficos y discográficos que se amplían en proporción directa con el ingreso de la mujer al mundo laboral, la altura de su nivel educacional y formación profesional y hasta con los encantos y desencantos tolerados en la marcha hacia su total emancipación.

El enfoque de género en las investigaciones sobre música en Cuba no es aún una perspectiva sistemática. Sin embargo, el interés por significar y difundir los estudios sobre la temática ha ido creciendo paulatinamente desde la década de 1990.

Particularmente quien esto escribe inició en esa década, y luego de una activa participación como ponente en los coloquios anuales que organiza el Programa de Estudios de la Mujer de Casa de las Américas desde 1994 y como miembro de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, un proyecto de compilación, estudio y promoción de la obra e historia de vida de mujeres notables en la música cubana respaldado en el breve tratamiento dado al tema en las historias oficiales, y porque en aquel entonces ni los libros, los artículos, ni los expertos en el tema hablaban de ellas en Cuba... Una motivación adicional.

Mucho se discute sobre los “Padres Fundadores” pero la creación musical de las “Madres Fundadoras” no ha contado con la cobertura informativa que merece. El sistema de discrímenes que ha obstaculizado el acercamiento a la verdadera historia del quehacer femenino en los escenarios musicales profesionales tiene múltiples causas enraizadas en los esquemas de la sociedad patriarcal  imperantes en Cuba durante el siglo XIX que  identifican a la mujer como el sexo débil destinado a desempeñar labores propias de esposa y  madre,  y garantizar el bienestar y la sobrevivencia interna de la familia; mientras que el hombre, es el centro y medida de todas las cosas, y por tanto, portador del talento y los atributos que les “faltan” a las mujeres. Tales mentalidades también rechazaron la libre  expresión pública femenina y aprobaron  la enseñanza de las artes pero como lecciones de adorno que resaltan la belleza y “delicadeza femenina” pero minimizan sus potencialidades formativas y el conocimiento que trasmiten.

La historia de la música padeció los efectos de esta segregación y las mujeres que en ella oficiaron tuvieron que encarar, además del inquisitivo sexismo, el clasismo, la discriminación por color de la piel y el regionalismo imperantes, lo que explica su virtual ausencia informativa, sobre todo, la de cantantes e instrumentistas de la esfera musical popular. Asimismo, lo poco conocido recoge solo a las intérpretes blancas pertenecientes a las clases más solventes de la sociedad cubana  de los siglos XVIII y XIX, posición discriminatoria y de  clase que determinó el lugar que ocuparon en los relatos donde, y como ya se dijo, no aparecen todas las presencias ni todo lo creado musicalmente.

Este indiferentismo a mostrar el quehacer de la mujer en la música  explica  la divergencia cuantitativa y cualitativa entre cantidad de hombres y mujeres en la escena musical cubana puesta de manifiesto en  las  estadísticas demográficas cubanas de los siglos XIX y XX.

Según los datos censales a la altura de 1899 la cifra de mujeres en la música ascendió a 46 mientras que la de los hombres era de 582;  el censo de 1907 arroja la cantidad de 51 mujeres y 711 hombres; las estadísticas del año 1919 reflejan la cantidad de 71 mujeres y 791 hombres, mientras que los dos últimos censos publicados en 1943 y 1953 dan a conocer las cifras de 1080 mujeres y 2 322 hombres, y 745 mujeres y 2 184 hombres, respectivamente.

Lamentablemente las cifras publicadas aparecen en sentido global y no establecen las diversas prácticas (creación, interpretación vocal e instrumental, enseñanza…), pero se infiere que las mujeres allí reflejadas más que integrar agrupaciones de música popular bailable  y ser intérpretes solistas, eran profesoras de canto y maestras de piano de conservatorios  o pianistas domésticas quienes siempre recibieron mayor cobertura porque la enseñanza forma parte de las labores “mujeriles” aprobadas y preferidas por los supuestos de la razón patriarcal.

El trabajo del Diccionario de  mujeres notables en la música cubana de la musicóloga Alicia Valdés Cantero que resultó inédito por su objeto de estudio y por la forma en que fue estructurado porque abarca todos los medios de participación de la mujer cuando lo usual en  Diccionarios de este tipo  es referirse solo a las compositoras, ha resultado punto de partida para potenciar nuevas miradas y otras indagaciones realizadas desde los ámbitos universitarios musical, filológico y sociológico. Son todos trabajos motivados por perspectivas similares a las del Diccionario  pero centrados  en estudios de caso puntuales y planteando otras interrogantes asociadas y entre otras,  a los procesos de  creación e identidad de compositoras cubanas dentro y fuera de Cuba; a estilos de dirección de agrupaciones corales; acerca de  estudios musicológicos cubanos; sobre la contribución de mujeres extranjeras a la música cubana y la repercusión de su presencia y legado;  al  pensamiento teórico y crítico de destacadas pianistas y profesoras cubanas;  a la forma y el modo en que los factores socio-históricos, culturales y de género condicionan los discursos musicales de mujeres rumberas dentro de una comunidad o cómo es recreada estéticamente la imagen de la mujer en las canciones  de la Nueva Trova.

Existen también libros dedicados a personalidades femeninas de la música cubana de gran significación publicados por editoriales cubanas. Son de la  autoría de Jorge Calderón  (María Teresa Vera, Editorial Arte y Literatura, 1986),  Ramón Fajardo (Rita Montaner: testimonio de una época, Editorial Letras Cubanas 1993, Premio Casa de las Américas en testimonio 1997 y Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana, Plaza Mayor Puerto Rico 2003); Julia  Calzadilla  (Trío  Hermanas Lago, Editorial Letras Cubanas, 2002), Carmela de León (Isolina Carrillo, Editorial, 2003), Irene del Río ( María Muñoz Portal, Editorial   2009), Oscar Oramas (Omara Portuondo) y Antonio López (Trovadoras, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008).  

Este interés en la mujer se ha producido por la necesidad de revertir las historias  de la música más divulgadas que colocan solo las experiencias del grupo masculino como único acceso posible y relevante a las escenas musicales,  y  por la creciente y notable presencia femenina que cada día gana espacios más desprejuiciados en los diversos roles profesionales asociados a la música popular y de concierto, fundamentalmente en los últimos cuarenta años.

Con el triunfo de la Revolución, desde la década de 1960, se concedió significación de primer orden a la educación  cultural integral y al fomento de la creación artística. También se estimularon, entre otros, los espacios de formación profesional en música tanto en opciones formativas como en desempeños laborales.

En 1976, con la creación del Instituto Superior de Arte (ISA), hoy denominado Universidad de las Artes, se estableció la estructura de especializaciones de la Educación Superior como resultado del nivel alcanzado por la enseñanza de las artes en el país. Se garantizaba una más completa preparación musical y técnica, y la ubicación en determinados espacios de trabajo en proporción a las promociones que se sucedieron a partir del año 1981.

Tomando este marco como ámbito de indagación, es posible ilustrar cómo en los últimos cuarenta años las mujeres en la música profesional se han ido empoderando de los instrumentos habitualmente asociados y reservados a los hombres, convirtiéndose en algunos casos por regularidad, en terrenos fundamentalmente femeninos.

Resaltan en ese sentido perfiles de la interpretación instrumental (percusión, contrabajo, fagot, trompa, bombardino, laúd y tres), en la conducción de agrupaciones corales e instrumentales, en la dirección de  instituciones,  y en la musicología, donde considerables mujeres han logrado insertarse y ser reconocidas, muchas de ellas, en la escena musical internacional, precisamente,  por su alto nivel profesional. 

La academia musical y el caso de las musicólogas.

La academia

El Instituto Superior de Arte en cuya Facultad de Música se imparten todas las disciplinas de interpretación, creación, dirección de coro y orquesta y musicología ha graduado hasta el año 2018,  2 357 estudiantes, de ellos, 1 028 son hombres (43,59 %)  y 1 329 son mujeres (56,38%) muchos de los cuales ocupan hoy  puestos claves en las diferentes agrupaciones profesionales de la música popular y de concierto y en las numerosas instituciones culturales y docentes con que cuenta nuestro país.

Las musicólogas

En la investigación musicológica las mujeres han alcanzado un protagonismo tal que le confiere a la disciplina una cualidad diferenciadora que hasta la fecha no ha sido suficientemente destacada. Hasta la fecha se han graduado 228 musicólogos, de ellos,196 son mujeres y 32 son hombres,  mientras que  forman parte del registro actual de la carrera, 17 mujeres de los 20 estudiantes matriculados. 

Los resultados alcanzados por los estudios que ha realizado quien aquí escribe, permiten develar informaciones puntuales que se enuncian  a continuación:

—Durante la República  se produce la génesis de la inserción femenina en la musicología, esfera hasta entonces monopolizada por hombres. A partir de los años veinte  del siglo XX surgen  las primicias de las investigaciones que más adelante se desarrollaron  sobre bases científicamente consolidadas. La presencia  de la mujer desde este momento resultó muy significativa, en tanto con sus aproximaciones y análisis de los fenómenos musicales, marcó pautas que devendrían puntos de partida para trabajos posteriores como los realizados por María Muñoz de Quevedo y María Teresa Linares.

—Las investigaciones realizadas por mujeres durante los años republicanos estaban relacionadas fundamentalmente, con el antecedente hispano en la música cubana. La mayoría de las investigadoras, eran maestras de música con acceso a

a los estudios e investigación del folklore de raíz hispana, lo que para ellas era  más factible al no poder participar en las manifestaciones musicales asociadas a los cultos religiosos de otras diversas  raíces, pues tenían carácter secreto y machista, y a las mujeres no le era permitido penetrar en  ellos. En ese trabajo, como el investigador tiene que apelar al principio de la  observación participante e insertarse de alguna manera en el contexto que investiga, a la mujer cubana de esta etapa, por sus costumbres y prejuicios, le era imposible estudiar a cabalidad la presencia africana en nuestra música. Además, los instrumentos que fundamentalmente apoyan esa  música, son los de percusión con los cuales estas estudiosas no tenían puntos de contacto.

—Los cambios operados a raíz del triunfo revolucionario posibilitaron el incremento de la presencia femenina en numerosas esferas de la sociedad, incluyendo  la música y los estudios científicos al respecto. Se crearon instituciones que oficializaron la enseñanza e investigación —como el ISA y el CIDMUC—   desde donde muchas teóricas contribuyen con su aportes al desarrollo de la musicología cubana.

—El desbalance en el tratamiento de las líneas temáticas abordadas por las investigadoras cubanas  durante la República,   se supera  ante la actual variedad de temas con enfoques musicológicos diversos, analíticos, pedagógicos, sociológicos, psicológicos, y la profundización teórica del objeto de estudio, lo cual enriquece el espectro de la musicología y apunta además, hacia un acercamiento equilibrado de  todos los fenómenos que contribuyen a la conformación y evolución musical

—Algunas de las jóvenes musicólogas actuales desarrollan  estudios relativos a las principales tendencias de la música popular cubana bailable y cancionística contemporánea, así como del  rock, el pop, el rap y otras vertientes, y se dan pasos certeros para caracterizar el estatus de ese contacto e intercambio, grado de arraigo, uso y proyección no sólo de los intérpretes, sino también de los receptores, características de agrupaciones y formatos, perspectivas, entre otros aspectos. En este tipo de estudio, se ha destacado el aporte individual así como el de integrantes del ISA y el CIDMUC, y del lamentablemente desparecido Taller Musicológico Multitemático Abierto que conducía el querido maestro Danilo Orozco, ya fallecido.

—Una vertiente de la musicología cubana femenina de la actualidad, ha penetrado en los estudios de la música colonial cubana (fundamentalmente del barroco) y su relación con Latinoamérica, aportaciones y trascendencia de los principales compositores, en especial de Esteban Salas. Se logra una edición internacional voluminosa de la obra de Salas, y una edición discográfica internacional de alto relieve, que se refleja en contribuciones de interpretaciones que se extienden a muestras del barroco americano. Asimismo, en los varios galardones nacionales e internacionales, especialmente la colección Música Sacra de Cuba, vinculada con la Universidad de Valladolid, la Oficina del Historiador de la Habana, y la discográfica K.617 de los Caminos del Barroco, de Francia.

—El aporte de la musicología femenina cubana también se refleja en la elaboración de procedimientos técnico-analíticos de avanzada en relación con las tendencias internacionales,  siempre en  un sentido de asimilación crítica y aportación propia, como sucede en la aplicación de técnicas y procedimientos específicos en  varios trabajos acerca de los procesos musicales cubanos históricos y actuales, cruzados con enfoques sociomusicales y antropológicos.

—Uno de los aportes significativos de la musicología femenina actual es la producción  discográfica con un sustento musicológico aplicada a diversas vertientes como la composición concertante histórica y contemporánea, trova tradicional y actual, folklore y música popular en su más amplio espectro. Una parte de esa producción ha obtenido importantes galardones nacionales a través de la Feria del Disco e   internacionales, incluidos los Grammy; y en su conjunto representan un aporte cubano a la musicología latinoamericana.  Esta labor ha sido desarrollada por instituciones como la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, los Estudios  Abdala y la Oficina del Historiador de  La Habana, e impulsada, especialmente por  el Instituto Cubano de la Müsica con la creación del sello Colibrí.

—Es de interés el relieve adquirido por  algunas figuras individuales femeninas que se  han  destacado  en  la ejecución vocal e instrumental desde su formación musicológica. Entre las principales están los  casos de  Gema  Corredera   Saborit,   en la línea de lo trovadoresco y  otras  facetas  de   la   canción  contemporánea;  Bellita  Expósito  Pino, en la vertiente  cubana  del latin  jazz,  Miriam Escudero en la reinterpretación   del barroco   americano y   cubano y Jessica Clemente en el perfil  de la música popular bailable actual con preferencia en el danzón. 

—En lo que respecta a la crítica musical, tan necesaria para todo proceso de creación, circulación y recepción, hay  una deficiente presencia femenina y de musicólogos en general, no por carencia de talento y de pensamiento en la disciplina, sino porque es un espacio que ha sido ocupado por periodistas no siempre especializados en música lo que  no quiere decir que su trabajo no  haya sido loable dentro de su desempeño social.

—Paralelamente a la evolución de la ciencia musicológica en Cuba, va creciendo el interés de la mujer por los estudios teóricos como pudo observarse en la cifra  de graduadas y en la matrícula actual de la Facultad de Música del ISA donde la  masividad femenina tiende casi a absolutizar esta disciplina científica.

—La gran producción de conocimiento existente (en tesis de licenciatura, diplomados, maestrías y doctorados) debe ser más aprovechado a partir de una sinergia entre todos los espacios de formación y los decisores encargados de garantizar que el conocimiento se promueva y no permanezca en las bibliotecas de las Universidades para ser solo consultado en el circuito académico.

—La socialización  de los resultados de la musicología cubana es insuficiente  en espacios que van desde los soportes más convencionales  --como el libro y las publicaciones periódicas--   hasta las ediciones digitales que circulan en la red global. A pesar de que existen los sellos editoriales del Museo de la Música y del CIDMUC;  la revista Clave, la revista Música Cubana de la Uneac,  el Boletín Música de Casa de las Américas y otras  publicaciones que, aunque no son especialmente musicales, divulgan temáticas de este tipo, aún resultan escasas y no suplen las necesidades de publicación del gremio,  ni la imprescindible inmediatez de algunos de sus textos y libros especializados. Esto, además de entorpecer el fortalecimiento y proyección  de la especialidad  en el complejo panorama divulgativo de nuestros días, menoscaba el intercambio interdisciplinario y el reconocimiento de los  musicólogos y los créditos de publicación que exige el sistema de categorización científica cubano.

—Más allá de los propósitos académicos y de publicación que han caracterizado a una parte del trabajo de nuestros musicólogos e investigadores es imprescindible que su gestión, en tanto científicos sociales, constituya un momento importante a la hora de la toma de decisiones y la elaboración de políticas relacionadas con la música  en las diversas instancias y niveles. Esto implicaría, además, mayor concientización de los problemas más urgentes que debe encarar la música cubana y sus investigaciones.

—Por su parte, el gremio musicológico deberá compartir aún más con investigadoras (es) de otras Ciencias Sociales a fin de enriquecer los actuales estudios sobre la mujer en términos de los roles y espacios sociales ganados por las mujeres músicas.

Permítanme una última reflexión, no mía, sino del maestro Argeliers León (1918-1991):

“La Musicología no es carrera de hombres o de mujeres. El cubano es tan exagerado que cuando no llega se pasa…. Al principio, la mayoría de los investigadores eran hombres, luego ha coincidido con una racha de mujeres bien preparadas, y ahora, no salimos de ahí y no creo que a nadie pueda molestarle. Esto ocurre, en gran parte por complejo, y también por falta de preparación, de conocimiento sobre qué se debe conocer para iniciar este estudio. Los hombres que pudieran estar aptos para la carrera, han demostrado falta de tesón, así como falta de deseo por participar en una fuerte competencia de oposición profesional, enfrentando a jóvenes mujeres decididas y prestas a triunfar”.