Montejo y Barnet celebran los 50
Montejo y Barnet celebran los 50
“He escrito muchos libros pero este ha sido el que me abrió puertas y compuertas”, afirmó el escritor y etnólogo Miguel Barnet a propósito del homenaje que la Academia Cubana de la Lengua le brindara a este consagrado intelectual cubano por el aniversario 50 de la publicación de Biografía de un cimarrón.
En esta primera evocación del ciclo de conferencias “Aniversarios de acontecimientos literarios” el panel estuvo integrado por la ensayista e investigadora Luisa Campuzano, la poeta y también ensayista Nancy Morejón y el propio autor de Biografía...
Sobre el contexto en que se publicó este clásico de la literatura cubana, la Dra. Campuzano recordó que el libro apareció en un momento especial de las letras en la Revolución Cubana, pues habían visto la luz testimonios sobre la campaña de alfabetización, escritos por José Rodríguez Feo en Casa de las Américas; otro de Lisandro Otero también aparecido en la misma institución; Memorias de una cubanita que nació con el siglo, rubricado por René Méndez Capote, uno de los más premiados en América e ícono del género; entre otros. La colección Literatura de campaña, creada por Ambrosio Fornet publicó estos testimonios de revolucionarios de los años 30.
Según Campuzano, en el orden de la etnología se destacan los textos de Lidia Cabrera y Fernando Ortiz, y algunos de Argeliers León vinculados con la marginalidad. Es León, quien al frente del Instituto de Etnología y Folclor, inicia una serie de entrevistas a centenarios que dan lugar a un libro, “obra que desató una gran tormenta ideológica dado el aspecto ético, por la forma de hablar del otro mediante la trascripción de la realidad —algo poco frecuente hasta ese momento—, y donde se cuestionaba cuál era la diferencia entre realidad y ficción. Ahí Miguel decide denominarlo con el término novela testimonio”, aseguró la investigadora. Desde su testimonio personal —testigo del nacimiento de este denominación y de las visitas de Barnet a Esteban Montejo— Nancy Morejón reveló la significación que para ella tiene el Cimarrón. “Ha significado mucho para mí y agradezco ese encuentro que Miguel me facilitó con Montejo, pues pude comprobar muchos episodios descritos en el libro”. También explicó que “Esteban habló de Cristóbal Colón cuando nadie hablaba de él y la mayoría de los pasajes recreados en el libro salieron de la narración que hizo este gran hombre a Miguel”.
La también Premio Nacional de Literatura estimó que hay un antecedente en la escritura de Barnet previa a Biografía…, y es el libro de poemas La piedra fina y el pavo real. Al decir de ella, desde entonces, ya existía un personaje parecido a Montejo: el brujo Tonde, de Palmira, quien “aparece con su declaración a la tierra, lo cual de alguna manera es la vertiente que inclina a Barnet a escribir su novela testimonio”.
Al igual que Luisa Campuzano, Nancy asegura que antes de este volumen nunca se había manejado el género testimonio, por lo que “cuando los críticos e historiadores hablan de canon se refieren a este libro. Es una obra fundacional”. Para la poeta este texto fue punto de partida de una larga y consolidada carrera de su autor. Y para concluir confesó: “Barnet siempre tuvo conciencia de lo que hacía con el término novela-testimonio, la realidad y la tradición oral es fundamental para su visión de los contextos de estas narrativas. Vio a través del cimarrón esa mirada que conforman la trilogía de sus obras principales en el género: Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel y La vida real”.
Una ventana llena de contrastes
En sus palabras, Miguel Barnet agradeció la existencia de una Revolución como la cubana, que pudo discernir entre lo popular, autóctono y raigal y lo impostado o hegemónico. “Encontré una brújula que mis contemporáneos llevaban en el bolsillo para encontrar una luz y entrar en un túnel oscuro lleno de contraste; desde una ventana donde yo vivía vi la vida de un solar, reservorio y arsenal de la cultura cubana; vi entrar y salir gente variopinta, todo esto llenó mi vida de curiosidad.
“Contrastaba ese mundo y el de mi casa, bajé de mi atalaya y me fui introduciendo en ese mundo mientras muchos coterráneos del momento se montaban en un avión y se iban. Hice amistad con muchos de aquel solar y fui conociendo sus vidas hasta que entré en el Instituto de Etnología y Folclor”, confesó el presidente de la UNEAC.
Gracias a ese mundo pudo escribir sus primeros poemas y artículos, estos últimos sobre la religión yoruba. Más adelante entraría en la Academia de Ciencias y comenzaría a estudiar los barracones de esclavos: “me pregunté cómo era la vida allí —cosa que nadie se preguntaba— empecé a interesarme sobre la teología de la vida de los africanos”.
Leyendo un periódico encontró a tres centenarios, uno de ellos era Esteban Montejo y fue a verlo para entrevistarlo. “No sabía cómo entrarle, mi experiencia se remitía a lo que veía en mi ventana y estuve tres años conversando con él”, expresó. “Hice una amistad fuerte con Montejo, escribí sin que nadie lo supiese en el instituto”.
“Es un libro que habla de ese lado oscuro que muchos historiadores no hablaron. En él traté de reflejar el mundo mágico del que me habló Montejo, su estancia dentro de las cuevas, donde hablaba con los murciélagos y toda su aventura en el monte”, rememoró Barnet.
No queda dudas que Biografía de un cimarrón es un clásico de nuestras letras, inclasificable por su amplia cosmogonía y la imbricación entre los géneros literarios. Como dijera su autor: “fue una novedad en la época, tenía fotos, notas al pie, glosario, no se sabía qué era; le puse la veta poética y antropológica. Es y será un libro valiente”, concluyó.


