Manuel Galich: maestro incansable, dramaturgo excepcional

Manuel Galich: maestro incansable, dramaturgo excepcional

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: Plásticos, Manuel Galich, exposición
  • La biblioteca de Casa de las Américas acogió una exposición convaliosos documentos sobre la fructífera obra de Galich. Fotos de la autora
    La biblioteca de Casa de las Américas acogió una exposición convaliosos documentos sobre la fructífera obra de Galich. Fotos de la autora
  • La biblioteca de Casa de las Américas acogió una exposición convaliosos documentos sobre la fructífera obra de Galich. Fotos de la autora
    La biblioteca de Casa de las Américas acogió una exposición convaliosos documentos sobre la fructífera obra de Galich. Fotos de la autora

Cuba fue su segunda patria, la que escogió para vivir a partir de 1962. Así la concibió el prestigioso dramaturgo, pedagogo ensayista e historiador guatemalteco Manuel Galich López, fundador de larevista de teatro latinoamericano Conjunto y del Departamento de Teatro de Casa de las Américas, además de fungir como subdirector de esa institución, de 1962-1971, entre otras labores que realizó con el talento que siempre lo distinguió hasta el final de sus días.

Quienes lo conocieron y tuvieron la oportunidad de ser sus alumnos, decían que llegaba y preguntaba: “¿Qué quieren saber de América Latina?, ¿de qué quieren conversar?, ¿qué les interesa hoy en particular?” Solo un universo de saberes es capaz de enfrentarse a un aula de esa manera, tan única y especial.

Al él le debemos El Mapa hablado de América Latina, texto de obligatoria consulta para los que cursan la carrera de Historia de Cuba, al ofrecer una panorámica en un período de dos décadas sobre los escenarios políticos, sociales y culturales de varios países de nuestro continente, entre ellos, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Bolivia y Brasil,donde analiza también la realidad del mundo caribeño.

Pero sobre cualquier vocación, Galich fue un hombre de teatro. Sus obras tenían —y tienen— esa capacidad para cuestionar la realidad de manera apabullante. Conducen al espectador hacia la introspección, el diálogo; trastocan emociones al ponernos delante un espejo del cual es difícil escapar.  El pescado indigesto (Premio Casa de las Américas en la categoría de Teatro, 1961), la primera versión de Pascual Abah y El tren amarillo son consideradas sus piezas más sólidas. Acerca de la última el reconocido crítico guatemalteco Eloy Amado Herrera expresó: “Los personajes son de carne y hueso; llevan nuestra sangre que se pudre de paludismo en nuestros campos y alimenta la voracidad del potentado a costa de la ignorancia (…)”.

A la pasión de Galich por la dramaturgia se le sumó los oficios de editor, asesor, ensayista, crítico e investigador. En 1983 recibió el Premio Ollanta y por una vida de entrega al arte teatral, otorgado por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT).

Meme, como le llamaban sus amigos cercanos, fue un activo luchador político, dirigente estudiantil, fehaciente colaborador de periódicos y revistas, combatiente en misiones clandestinas, ministro de Educación Pública en Guatemala, militante del Partido Acción Revolucionaria, columnista del semanario argentino Propósitos, Conducta o Principios, como se denominó indistintamente este medio de prensa. Figuró como delegado a varios eventos internacionales y laboró como abogado asesor del Instituto Nacional del Petróleo en su país natal.

Galich “hizo del teatro herramienta concreta para derrocar tiranos, librar batallas legislativas, emitir programas de voluntad colectiva, afirmar derechos, enfrentar aviones, defender la vida, edificar amaneceres, mostrar la verdad en los ojos de todos, conglomerar naciones, abrir y señalar caminos”, comentó el dramaturgo Manuel José Arce en la revista Conjunto, de 1985. Y no se equivocó, esta prestigiosa figura de las tablas encarna la visión más viva de la escena latinoamericana, esa que necesitamos al lado de la verdad.

Recientemente, la biblioteca de Casa de las Américas —como parte de las actividades de la décima edición de Mayo Teatral— acogió una muestra sobre su fecundo quehacer, compuesta por fotografías, recortes de prensa, parte de su correspondencia con destacadas personalidades de las artes escénicas, entre otros documentos, justo cuando se celebran el aniversario 105 de su natalicio.

Si viviera en estos momentos, cuando el escenario internacional es cada vez más agresivo, Galich no dudaría en crear puestas en escena que desatarían pasiones obligatorias ante la urgencia de habitar un mundo más humano y justo.