Maestro musical inolvidable

Maestro musical inolvidable

Varias generaciones de jiguaniceros y cubanos llevan la huella indeleble del Maestro de música Miguel Milanés, aunque han pasado cuatro décadas de su desaparición física, el 28 de octubre de 1980.

La Licenciada en Filología, Máster en ciencias y destacada  investigadora Déborah Frómeta Cobo, especialista del Archivo Histórico municipal, recuerda al Maestro Miguel con el parsimonioso recorrido por el pueblo cuyo significado en lengua aborigen es río de oro.

Frómeta Cobo es hija de uno de los centenares de alumnos de la escuela primaria para varones y la escuela primaria superior de Jiguaní,  donde el creador y director de la Banda Municipal de Conciertos enseñara con virtuosismo la interpretación de varios instrumentos, agrupación animadora de las tardes dominicales con las concurridas retretas.

Trasciende el tiempo la obra de Miguel al ponerle música en enero de 1941, al himno que adoptara el Ayuntamiento local como parte de la identidad municipal. El poema histórico escrito por Antonio Martínez Anfourt,  expresa en versos la bravura de la gesta patriótica de los generales de la guerra de independencia. Musicalizado por Miguel Milanés y cantado con orgullo por los naturales de la región ubicada al extremo este de la actual provincia Granma, el himno recrea la idiosincrasia rebelde de los hijos de esta tierra.

Virtuoso intérprete del Trombón de vara, además de la dirección orquestal, inició Miguel la formación artística bien temprano estimulado por su hermano Manuel y bajo la égida de los maestros bayameses Pedro Céspedes y José del Rosario Verdecia. Luego estudia en La Habana y llega a formar parte de la Orquesta Filarmónica Nacional, participando en importantes temporadas de operetas, operas y zarzuelas en los diferentes teatros de la capital como el Nacional y el Pairet.

Creativo compositor musical y promotor del arte, funda en Ciego de Ávila dos Bandas de Música que alcanzaron fama. También hasta Cárdenas llegó el músico para dirigir la banda municipal, a la vez que se perfeccionaba en la interpreración del Trombón de vara. Regresa a su pueblo natal en 1933 en plenas facultades y madurez profesional.

Cotidianas y diversas son las acciones que despliega Milanés en Jiguaní, (donde nació el 2 de febrero de 1890), que lo hacen merecer el afecto y el respeto de sus coterráneos. Se entrega a la enseñanza institucional de la música, pero en su hogar la labor pedagógica la realiza de manera altruista, sin costo alguno para sus numerosos discípulos, canteras de agrupaciones que luego él mismo fundaría con los propios infantes y para los que escribiera varios textos formativos entre ellos el titulado: «El Solfista Moderno».

Aquí funda la Academia Municipal de Música, aportando casi todo el instrumental y un repertorio de obras populares y clásicas de inestimable valor, además de componer infinidad de piezas, ello posibilitó formar una gran legión de músicos locales de primerísimo orden.

Fundó además el grupo Arte Musical y realizó el arreglo y adaptación para la banda de numerosas obras de distintos géneros. Estrenó en el teatro local, con artistas aficionados, la ópera El Trovatore (El Trovador), de Quiseppi Verti, cantado en italiano, lo que constituyó un suceso sin precedentes.

Hombre recto, de elevados principios cívicos y humanos, heredó a sus hijos también la virtud musical, uno de ellos Ney Milanés, quien es el Director de Banda de Música Ejército, asegura la profesora Frómeta Cobo, y que Miguel y su obra es aún tema de conversaciones entre jiguaniceros que recuerdan la conducta intachable y los aportes a la cultura y la sociedad cubana.