Evocación a Julio García Espinosa

Evocación a Julio García Espinosa

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  • Homenaje a Julio García Espinosa en el espacio Moviendo los caracoles. Fotos: Héctor Navarro
    Homenaje a Julio García Espinosa en el espacio Moviendo los caracoles. Fotos: Héctor Navarro

«Julio, maestro de todos». Esa antológica frase, que sintetiza —con pocas palabras— la excelencia pedagógica y artífico-profesional del laureado maestro Julio García Espinosa (1926-2016), Premio Nacional de Cine, presidió el homenaje postmortem, dedicado al carismático intelectual en el espacio Moviendo los caracoles, que auspicia la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y tiene como sede habitual la sala Martínez Villena de nuestra institución.

Dicha actividad se desarrolló en forma de panel, moderado por el historiador e investigador Luciano Castillo, e integrado por los maestros José Ramón Artigas y Manuel Pérez, así como por el crítico y periodista Joel del Río.

Los ponentes reseñaron el curriculum vitae del maestro García Espinosa, quien —desde muy joven— trabajara como director y actor de teatro vernáculo, y con posterioridad, dirigiera espacios radiales y participara en la fundación de la agrupación Teatro Estudio.

Fue Presidente de la Sección de Cine de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Autor, junto a otros cineastas de El Mégano, valorado por la crítica especializada como el antecedente del nuevo cine cubano.

Al triunfo de la insurrección popular, fue jefe de la Sección de Arte de la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde. Allí se realizaron los primeros documentales de la gesta revolucionaria: Esta tierra nuestra y La Vivienda.

Como teórico de cine, entre sus obras se destaca Por un cine imperfecto. Estudió dirección cinematográfica en el Centro Sperimentale de Roma. Fue fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y de la UNEAC, así como viceministro de Cultura.

En el Icaic desempeñó las funciones de director de Cine, de la Producción Cinematográfica, de la Empresa de Estudios Cinematográficos y vicepresidente de dicha institución.

En la década del 80 de la pasada centuria, fue presidente del Icaic y del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Ha impartido seminarios y conferencias magistrales sobre cine y medios de comunicación en diversos países y deviene uno de los principales artífices del Nuevo Cine Latinoamericano.

Los expositores le notificaron al auditorio que la trigésimo octava edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano estará dedicada a honrar la memoria de ese gigante de la cinematografía cubana contemporánea y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas.

Por otra parte, los panelistas precisaron que, en la Mayor isla de las Antillas, no se puede hablar de cine sin mencionar los emblemáticos filmes: El Mégano y Cuba baila, y que García Espinosa asumió varias responsabilidades en entidades estatales sin abandonar por completo su prolífica labor artístico-profesional. Era un hombre en extremo sencillo y humilde, mientras, en la pantalla grande, su producción intelectual y espiritual se caracterizaba —fundamentalmente— por la impecable calidad estético-artística, el marcado enfoque ético-humanista y la fina ironía que la identificaran.

Julio legó a las nuevas y futuras generaciones de guionistas, realizadores y directores cinematográficos una valiosa herencia, ya que fue un formador de especialistas integrales, quienes descubrieron, en el contexto docente-educativo y fuera de él, los genuinos valores éticos, ideo-estéticos, patrióticos, humanos y espirituales en que se sustenta la personalidad de un verdadero realizador audiovisual.

Entre otras lecciones inolvidables impartidas por García Espinosa, habría que destacar cómo insistía en la necesidad cognoscitiva de que sus discípulos aprendieran a develar los secretos de la profesión de asistente de dirección; especialidad técnico-artística que se distingue —básicamente— por enseñar a quienes incursionan en ese campo a estructurar un guión cinematográfico, así como a organizar un filme.

La vasta obra del insigne cineasta cubano refleja —con meridiana claridad— el hombre que fuera, es y será: la generosidad personificada. Su personalidad, como ser humano y como creador, descansaba en cuatro indicadores fundamentales:

1 La gracia cubanísima del creador. Era un cubano reyoyo, al decir del doctor Rogelio Martínez Furé, Premio Nacional de Literatura 2015.

2 La ambición intelectual que signara su quehacer cinematográfico y ensayístico.

3 Las inquietudes sociales de un político comprometido con su patria. No obstante, sabía escuchar al otro y entender sus motivaciones y razones, cualesquiera que fueran, aunque no tuvieran puntos de tangencia con los criterios defendidos por él.

4 La profundidad humanística con que trataba y analizaba la realidad cubana actual.

De ahí, que su mayor lección ideo-estética se resumiera en la frase: «es la productividad artística la que, ante todo y por encima de todo, debe prevalecer en el cine de producción nacional».

Por último, varios familiares, colegas y amigos que tuvieron el inmenso privilegio de conocer de cerca o trabajar con Julio García Espinosa, narraron anécdotas que recogían —en apretada síntesis— la riqueza de la leyenda profesional y personal que escribiera durante sus casi nueve décadas de intensa vida.

En dicho agasajo, participaron la locutora y periodista Rosalía Arnáez, presidenta de la Asociación anfitriona, el doctor Avelino Couceiro Rodríguez, presidente de la sección de Crítica e Investigación, familiares allegados al homenajeado, personalidades de la cultura caribeña, así como representantes de la prensa local.