Ese Sol del Mundo Moral, de Cintio Vitier

Ese Sol del Mundo Moral, de Cintio Vitier

El escritor cubano Cintio Vitier en su libro Ese Sol del Mundo Moral –cuyo título recuerda uno de los pensamientos más imperecederos del inefable y «Padre amoroso del alma cubana»: José de la Luz y Caballero—, enaltece aquellos períodos claves en el proceso de formación de la nacionalidad cubana, de su continuidad ética en tiempo y espacio hasta enarbolarse dialécticamente en toma de conciencia, y consolidarse a partir de la figura del más grande y universal de todos los cubanos: José Martí.

En su libro, Vitier significa al maestro de Música y Gramática (mestizo de india y español), Miguel Velázquez, como el primer chispazo de conciencia moral autóctona en los comienzos de una historia dominada por la codicia y la crueldad.

Mas, no es hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, que la toma de conciencia nacional no se tornaría evidente a partir de diversos acontecimientos. Entre ellos, la influencia del Iluminismo europeo en la Isla; la primera generación de jóvenes con miras patrióticas y éticas –no radicalmente revolucionarios—, agrupados en la Sociedad Económica de Amigos del País; el Papel Periódico de La Habana y el Seminario de San Carlos.

Iniciadores de una tradición ética y patriótica lo fueron, sin lugar a dudas, los tres principales discípulos del presbítero José Agustín Caballero (Padre de los Pobres): Félix Varela, José Antonio Saco y su sobrino, José de la Luz y Caballero. De José Agustín Caballero, Padre de los Pobres y de nuestra Filosofía, como lo calificara Martí, diría asimismo nuestro Apóstol: «…más por consejo de su mente que por el ejemplo de los enciclopedistas, campo propio y cimiento de la ciencia del mundo el estudio de las leyes naturales; cuando salieron de sus manos, fuertes para fundar, descubría Varela, tundía Saco, y La Luz, arrebataba…Y no se proyectaban como señores sino como servidores de la comunidad».

Clara y profunda la luz de Martí, al enjuiciar a Caballero testigo de una época, cuando aún la trata y esclavitud sobresalían entre las actividades y hechos más ignominiosos e inhumanos.

Vitier en su obra Ese Sol… apunta que Varela no sólo consolidó la reforma de los estudios filosóficos iniciada por Caballero, sino que, en 1821, al crearse en el Seminario de San Carlos la Cátedra de Constitución, la calificó como «Cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, con proyecciones éticas y políticas de indudable trascendencia».

Cabe acotar el análisis que el padre Varela realiza acerca de lo que él definió como las tres clases de igualdad: la natural, la social y la legal. Esta última «es la única que no va acompañada de desigualdad en las operaciones, pues lo mismo puede decidirse el derecho de un pobre que el de un rico, el de un sabio, que el de un ignorante…».

En las Cortes, Varela presentó un proyecto de gobierno autonómico y un documento-memoria para la abolición de la esclavitud: (…) «estoy seguro que el primero que dé el grito de independencia tiene a su favor a casi todos los originarios de África», escribió en El Habanero, primera publicación regular de carácter revolucionario confeccionada por un cubano, plenamente consciente de la emancipación americana.

Vitier trasciende en Varela a la figura histórica «capaz de evolucionar de la filosofía ecléctica o electiva a la prédica revolucionaria y, después, a la espiritualidad evangélica más fina».

El escritor cubano analiza igualmente la figura de José Antonio Saco como entre las más descollantes en el estudio del proceso de nuestra nacionalidad; sin embargo, significa que «(…) Sin poner en duda su vehemente cubanismo esencial, consagrado en su epitafio anti-anexionista…escogió como campo de batalla el terreno que más le convenía a la Metrópoli: el de los pesados memoriales, las obstinadas impugnaciones y los interminables análisis sociopolíticos… Su desconfianza de los métodos revolucionarios, su temor al anexionismo, a la falta de instrucción general y, muy especialmente, a la raza negra en Cuba, fueron tan poderosos que no logró nunca pensar en términos de pueblo sino en términos de clase…»

En suma, Saco representa el patriotismo reformista de la época.

Es indiscutible que, de los principales discípulos del Padre de los Pobres, fue su sobrino, José de la Luz y Caballero, el más brillante y avanzado. Este a su vez, años después, en el Seminario de San Carlos contó entre sus educandos a Rafael María de Mendive, maestro y Padre espiritual de nuestro Martí.

Acerca de Luz y Caballero destaca Vitier: «Luz sustituyó a Saco en la cátedra de Filosofía inaugurada por Varela en 1811, profesando allí desde 1824 hasta 1828 y después en el Convento de San Francisco de Asís del 39 al 43… Lo que impugnó, en suma, fue la desviación amoral de un eclecticismo al que calificó de falso e imposible y que era indudablemente dañino para la juventud cubana, a la que Luz quería inculcar, más que ninguna otra sabiduría, la conciencia de lo justo y de lo injusto».

«El Maestro de los Cubanos (como lo llamara Antonio Bachiller y Morales), comprendió que todos los problemas de Cuba convergían en uno solo: la esclavitud; que éste era, esencialmente, un problema ético, un pecado colectivo, un cáncer social; y que para atacarlo desde la raíz sólo había, por el momento, una terapia efectiva: la educación moral de la clase privilegiada, a la que él mismo pertenecía».

Y es así como en una de sus últimas alocuciones ante un concurrido auditorio en el Colegio El Salvador, El Maestro de los Cubanos dijo: «Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres –reyes y emperadores—, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral».

Sentencia con la cual Cintio Vitier titula su libro, donde esboza una historia de la eticidad cubana, utilizando como fuentes un quehacer que ha marcado la nacionalidad, la idiosincrasia, sus objetivos de futuro y los grandes pensadores cubanos que contribuyeron a ella con sus ideas.

En suma, una obra de necesaria lectura, análisis minucioso y de amplio acervo histórico y social, al meditar en el proceso de formación de la conciencia cubana, en sus principios, sus luchas, pero, además, en su rica espiritualidad siempre prodigiosa y valiente en los momentos más disímiles y complejos.