El amplio salto de Acosta Danza

El amplio salto de Acosta Danza

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Escénicos, Acosta Danza, Holguín
  • La compañía Acosta Danza se presentó en Holguín como parte de la gira nacional que lo llevará por varias provincias. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino
    La compañía Acosta Danza se presentó en Holguín como parte de la gira nacional que lo llevará por varias provincias. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

Acosta Danza se presentó en Holguín como parte de la gira nacional que lo llevará por varias provincias del país luego de hacerlo con similar éxito en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. Con un programa balanceado y coreografías de autores europeos, el Teatro Eddy Suñol acogió el que ya es catalogado como uno de los acontecimientos danzarios en una ciudad que bien sabe medirle el pulso a la danza contemporánea: además de ser sede de la reconocida compañía Codanza, aquí se realiza cada año el Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Las cinco obras que presentó la joven compañía, fundada en 2015 y liderada por uno de los más célebres bailarines de finales del siglo XX y principios del XXI, caracterizan su trabajo y el interés en ciertos contextos y ámbitos coreográficos que demarcan la búsqueda y la experimentación en la danza contemporánea, sin dejar a un lado el desarrollo técnico del ballet clásico, y que subrayan, además, la calidad técnica y el virtuosismo de sus intérpretes.

La primera de las obras, Fauno, coreografía de Sidi Larbi Cherkaui, de Bélgica, es una de las piezas menos ambiciosas del programa, aunque está trabajada desde una sencillez proverbial, que permite, en cambio, explotar un virtuosismo mesurado y armónico. Fauno nos ofrece un diálogo pasional entre los dos intérpretes a base de sensaciones, exaltaciones y experiencias sensitivas, al mismo tiempo que rememora el antiguo mito en torno a esa criatura propia de la cosmología romana, recreado en la faceta más bestial y erótica.

Por su parte Rooster, coreografía del inglés Christopher Bruce, resulta un homenaje a la música de The Rolling Stones, una de las agrupaciones más importantes e influyentes en la historia del rock mundial, mediante la seducción y sus estrategias, el romance, en los que se hace acompañar por ocho canciones de la mítica banda inglesa. Auxiliándose, más que en la música del grupo y la voz inconfundible de Mick Jagger, en una aptitud y un comportamiento hacia el género y la influencia misma de este tipo de música en las relaciones humanas, Rooster incursiona en el cabaret, incluso en lo paródico y lo popular, y lo hace como si estuviéramos delante de un amplio musical bien articulado y disfrutable en cada una de sus partes, rondando por momentos cierta dulzura y en otros una enérgica plasticidad, a pesar de la extensión y de ser creada hace unos años, lo que no le quita la frescura y la armonía de su propuesta artística.

Mientras El salto de Nijinsky, coreografía de la española María Rovira, destacó por la calidad de las interpretaciones de los siete bailarines que la conforman y la propia coreografía en sí, lo que comprueba que Acosta Danza piensa muy bien su repertorio y los creadores con quienes trabaja, pero el discurso, la historia del bailarín ruso Vaslav Nijinsky y su reclusión en una clínica londinense donde murió en 1950, ese salto que enfatiza precisamente el nombre de la obra, parece diluirse en la estructura de la misma, sobre todo para quien no tenga programa de mano y mucho menos elementos de la vida del reconocido intérprete de piezas como La bella durmiente del bosque y La siesta del fauno.

Otra pieza de Sidi Larbi Cherkaui fue llevada a escena: el dueto Mermaid, esta vez interpretada por el propio Carlos Acosta y la joven Marta Ortega. Correcto y cuidado en su dramaturgia y calidad de movimiento, Mermaid fue el mejor momento de la larga noche que nos ofreció Acosta Danza en Holguín, confirmando la calidad de la pieza —sensaciones, unidad, contención cuando es necesaria, desafíos, presiones, deberes, entrega— y el vigor interpretativo de un Acosta maduro pero deslumbrante, lo que le llevó a desempeñarse en importantes compañías como el English National Ballet, el Ballet Nacional de Cuba, el Houston Ballet, el American Ballet Theatre y el The Royal Ballet.

Finalmente, Acosta Danza interpretó Twelve, una pieza del español Jorge Crecis que obtuvo el Premio Villanueva de la Crítica 2017 y que elevó la intensidad, para nada alicaída en la noche, al cierre de una larga velada. El juego, las peripecias, con pomos de agua con tubos de neón dentro que reflejan la intensidad de la luz, y exigen a los bailarines una máxima disposición física y mental sobre el escenario, más que un malabarismo bien desarrollado y por demás, sorprendente en gran medida, articula un discurso donde se pueden rastrear cuestiones de índole social e incluso relaciones de poder en la contemporaneidad.