Alegrías y tristezas de una viuda holguinera

Alegrías y tristezas de una viuda holguinera

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Escénicos, Holguín, Teatro Lírico
  • El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
    El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
  • El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
    El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
  • El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
    El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
  • El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera
    El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín presentó el avant premier de La viuda alegre. Fotos Adrián Aguilera

Más que el avant premier de una de las obras más importantes del género y del repertorio del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, La viuda alegre, opereta del compositor austro-húngaro Franz Lehár con letras de Victor León y Leo Stein, basada en la comedia teatral L’attaché d’ambassade (1861) de Henri Meilhac, quienes asistimos al Teatro Eddy Suñol las noches del 23 y 24 de noviembre, encontramos el working progress de una pieza que requiere aún trabajo y cohesión para que se estrene finalmente en mayo del próximo año, en homenaje a los 80 del coloso teatral holguinero.

Más que un working progress —que como su nombre indica busca el crecimiento, el trabajo en progreso, con el objetivo de complementar la creación de una pieza mediante el fogueo inicial y la interacción con el público que después asistirá a la puesta— encontramos una revista musical desprovista de la dramaturgia original de la obra. Incluso desprovista de la elegancia prístina que la ha hecho internacionalmente famosa y representada, al reducirse los tres actos a un musical sin concatenación suficientemente orgánica de una hora promedio, con algunas de las romanzas y dúos que la acompañan, pero sin ser interpretados en el orden que corresponde a cada acto original.

Si bien hubo ciertos imprevistos de última hora, ajenos a la concepción dramatúrgica de la puesta, buena parte del público pedía ver La viuda alegre, protagonizada antaño en la compañía por el fundador, el barítono Raúl Camayd, como el conde Danilo Danilovitsch, y tres de sus principales solistas interpretando la viuda Hanna de Glawari. Quien no conocía de antemano la historia de esta rica viuda e iba preparado para armar cabos y unir piezas, se perdía fácilmente en los entresijos de la propuesta, con dirección artística de Abel Carballosa Morales y dirección general de María Dolores Rodríguez.

Quizá a esto contribuyó, en esa suerte de puesta de aprendizaje que pudo haber sido la obra, el hecho de retomar lo que Camayd realizó magníficamente: darle cada acto a una de las solistas, entonces María Luisa Clark, Náyade Proenza y Elizabeth Carreño, en ese orden; y ahora tres jóvenes y talentosas voces: Yuliannys Sánchez, Isabel Torres y Betsy Remedios, y no por una sola intérprete que “personificara” el carácter de Hanna de Glawari. Mientras Alfredo Mas, primera figura de la compañía y quien tuvo a su cargo la asesoría musical de la pieza, entregó convincentemente al Conde Danilovitsch, en buena medida la actuación más categórica y versátil, llena de la soltura y gracia que requiere el personaje, en una noche desbalanceada en varios aspectos. Por su parte Camille, conde de Rosillon, fue asumido por los tenores Yunior Galano y Camilo Hijuelos; mientras Valencienne, esposa del barón Zeta, existió en voz de la soprano Loreta Rodríguez.

Aunque las voces de los cantantes holguineros son de primer nivel, formadas muchas de ellas en las aulas del Instituto Superior de Arte en la provincia, vemos falta de interpretación en varios papeles. También deben mejorar en aspectos técnicos y de estilo a la hora de abordar la opereta. El género demanda soltura, solidez, apropiación escénica, convencimiento de que se asume un personaje con vida propia, que sueña, cree, respira… y esto no fue siempre visible en una puesta que tropezó también en la parte coreográfica. No en el sentido de la coreografía en sí, realizada por el reconocido Alejandro Millán, responsable también del atrezo, sino en el desempeño de quienes la asumieron. Aunque era, además, evidente que el diseño coreográfico perdía coherencia al haber demasiadas personas en escena en el pequeño espacio del Eddy Suñol. Lo que ocasionaba que, en ocasiones, era casi palpable que algunos de los intérpretes miraran al otro a su lado para seguir los pasos en la coreografía, que lo usaba como apoyatura en sus movimientos para no acabar “perdiéndose” y tropezar con la escenografía. Algo así debe cuidarse, y más cuando el baile forma parte indisoluble de la obra. Además del ballet del propio Teatro Lírico, se sumaron a la puesta los integrantes del ballet de cámara de Holguín, bajo la dirección de Mayra Fernández.

Es necesario destacar en este avant premier en tono de revista, el vestuario detallista y colorido, sobrio y elegante cuando era el caso, en la parte femenina, a cargo del experimentado Alejandro de la Torre. La masculina no gozó de igual suerte, pues parecía que se hubieran reciclado y puesto nuevamente sobre escena trajes de diferentes obras del repertorio de la compañía, desbalanceados en el cuerpo de algunos intérpretes, cuestión que imagino pase por la consabida falta de recursos que hace que los diseñadores se las ingenien en más de una ocasión para suplir necesidades.

En cuanto a la sugerente escenografía, también realizada por Alejandro de la Torre, me atrevería a subrayar que, revista al fin y al cabo, utilizada como apoyatura más que como elemento en sí, se mantuvo la misma escenografía del primer acto en toda la obra.

Todavía es temprano para dar una opinión de una opereta que necesita ser cocida a fuego lento, pues lo que se nos mostró fueron piezas de un puzzle a medio armar. La viuda alegre aún no está lista ni estilística ni dramatúrgicamente. Su montaje requiere ser revisitado en busca de cuestiones tan elementales como la organicidad, el rigor y la verosimilitud, para estar a la altura de la opereta de Lehár y del espíritu fundacional del propio Lírico. Y algo más importante, para estar a la altura del público. Esperemos a mayo de 2019 para poder calar sobre el escenario el valor de la propuesta y así —como queremos todos— festejar con creces el 56 aniversario del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín.