59 años de la Uneac: patrimonio atesorado

59 años de la Uneac: patrimonio atesorado

El ya inmediato 59 aniversario de la Uneac y la preparación para celebrar sus 60 años, no debe pasar por alto como otra víctima más del coronavirus; hay que darles toda la cobertura que merecen, y se impone, por ejemplo, destacar sus tantos valores patrimoniales acunados durante más de medio siglo, tiempo suficiente de varias generaciones como para considerarlas tradiciones, y más si de generaciones artísticas se trata, cuya celeridad es mucho más dinámica que la biológica, pues tras la Revolución Industrial y sobre todo la Científico-Técnica y la era actual del ciberespacio en las comunicaciones, las tendencias, estilos, movimientos y gustos artísticos se suceden uno tras otro y devienen nuevas generaciones de artistas, a veces incluso, de forma atropellada.

No toda tradición es patrimonio, sino aquella que revierte un significado especial para el nivel en estudio, sea para cada sujeto el patrimonio personal, la familia el patrimonio familiar, para la comunidad el patrimonio comunitario, para el país el patrimonio nacional y para toda la Humanidad, el patrimonio de la Humanidad; los macro-niveles suelen contener, como es lógico, a los micro: habría que valorar si un valor no lo es para su comunidad, ¿puede serlo al resto del país, o de la Humanidad? Existen miopías, es cierto, y a menudo no se valora lo que llamo “la trascendencia de lo cotidiano”, y justo por cotidianos no le damos el valor que se merece lo que tenemos al lado. Al margen de toda polémica, la posmodernidad ha impulsado la valoración de la cotidianidad. Pero en la propia cultura cubana, abundan los ejemplos en que han sido otros quienes han reconocido los valores de los que una comunidad, o una familia, o un individuo, no se habían percatado.

No es el caso de la Uneac que, desde su fundación el 22 de agosto de 1961, adquirió un valor singular para toda la comunidad donde se halla enclavada en 17 y H, El Vedado, ya es un símbolo nacional; lo que se acrecentaría al desarrollarse como tradición, paralelamente al valor que iba aumentando también, para todo el país; Monumento Nacional (resolución No. 03 del 21 de agosto de 2009, se agradece la colaboración de la especialista M.Sc. Dayamí Cabrera González), este artículo se afana ahora en entenderla en sus tantos valores patrimoniales, que distan mucho de ser uno solo aunque por supuesto, este debe englobar a todos los restantes, porque no se trata solo del inmueble, que lo es desde su construcción en 1921 y sobre todo en el singular entorno comunitario en que se edificó en la calle 17 entonces en apogeo para toda la cultura nacional, y no solo por su arquitectura y urbanismo sino también por la jardinería, todo ello ya entonces representativas tradiciones de lo mejor de la cultura cubana; el inmueble, y mucho de su mobiliario, es sin la menor duda, patrimonio tangible de la nación.

Sin embargo, el patrimonio es también lo intangible, en lo que la Uneac desde su fundación, abre un abanico infinito de valores, al margen de que su patrimonio tangible no se agota con la arquitectura, urbanismo y jardinería referidos. Toda la memoria histórica de la casona en cuestión desde sus raíces y que se multiplicó al infinito al ubicarse en ella la Uneac, hoy son zonas genuinas de su patrimonio.

El impacto sistémico de unas sobre otras, potencia mucho más lo señalado hasta ahora: así pues, no es limitarnos a todo lo que han aportado al país (y hay que decirlo, a toda la Humanidad) todas y cada una de sus asociaciones, sino también sus demás oficinas y empleomanía, y básicamente, a las tantísimas acciones y eventos de todo tipo, acometidos o simplemente concebidos e impulsados en y desde esta Uneac (incluso para el resto del país y del mundo, donde han florecido con vida propia), muchas de las cuales han devenido auténticas tradiciones.

Más allá, el más legítimo e inagotable patrimonio atesorado por la Uneac en estos 59 años, lo constituyen las historias de vida y la obra aún en proceso de sus miembros y otros allegados cubanos y de y en otros países; así, los tantísimos y altísimos exponentes de lo mejor de la cultura nacional y, en no pocos casos, universal; tantos talentosos seres humanos que han propiciado y multiplicado tantos valores, en tanto vanguardia para las artes cubanas y sin dogmas facilistas, que muchos de quienes quizás se puedan considerar “vanguardia” sin haber estado en la Uneac, toda relación objetiva o subjetiva que con ella y con cualesquiera de sus miembros y acciones hayan tenido, aun cuando sea por impacto de esta en otras localidades del país o del mundo, tributa también al patrimonio de la Uneac.

El análisis profundo de todo esto como se amerita, queda en manos de los investigadores especializados; tarea ardua pero urgente, que reclama no solo la Uneac, sino cuando menos, toda la cultura cubana.