Martí en Paradiso

Martí en Paradiso

  • Variadas han sido las lecturas que realizó Lezama de la obra martiana.
    Variadas han sido las lecturas que realizó Lezama de la obra martiana.

Cada país requiere de figuras con un pensamiento avanzado que contribuyan a la configuración de nación, un concepto que se establece desde lo geográfico, y que transita por otras categorías como la ideológica, la política o lo cultural. Campos en los cuales la obra martiana se inserta con un protagonismo esencial, donde aporta ideas esenciales en cada una de sus textos.

La revisión de su obra es tarea permanente para estudiosos, en otros casos, las fechas señaladas posibilitan volver sobre sus páginas y revisitar sus propuestas. Atender cada una de sus ideas en el contexto de las jornadas de recordación por la fecha de su natalicio, es el cumplimiento a un legado que caló profundamente en el pueblo cubano y en la manera que le aportó a la nación.

Hace unos años La Gaceta de Cuba dedicó un dossier titulado «José Martí a los 150» donde el historiador Pedro Pablo Rodríguez lanzaba preguntas que vale la pena volver sobre ellas. Las palabras de presentación al dossier nombradas “El tiempo pasado desde su muerte” incluía estas incógnitas: “¿Cuál es el secreto de la fuerza de este hombre, de su palabra y de su acción, que todavía conmueve, sacude y convoca?; ¿cuál, el misterio de que simbolice a un pueblo?; ¿qué incógnita contribuye al conocimiento de ese (su) pueblo y al mejoramiento humano?”.1

Estas preguntas son testimonio de un sentimiento que se materializa en el ideal de nación que concibió Martí. Sus textos políticos constituyen materiales de obligado interés para quienes les corresponde guiar los destinos de la nación; sus ensayos y críticas son referente para quienes asumimos esa responsabilidad desde la ética, el compromiso y el enjuiciamiento de la obra de arte en un contexto marcado por la banalidad; su poesía es limpia como el agua del arroyo que prefería.

En la novela Paradiso de José Lezama Lima, la obra y figura de Martí es mencionada en ocasiones, recordemos que el autor era un lector devoto de la obra del Apóstol y que consideraba que solo existían dos misterios: Martí y él mismo. Uno de los pasajes dentro de la novela que acaba de cumplir sus cincuenta aniversarios de haber sido publicada, expresa: “Pero al paso de muchos años, casi le daba la clave de algo que para José Cemí había resultado incomprensible, la estrofilla aquella de José Martí, «ofendido del hedor», «a mis pies de repente», «un pez muerto, un pez hediondo», es decir, la presencia de lo nauseabundo contrastado con la del esplendor, lago seductor, barca, oro puro, alma como el sol” (p. 129). Un pasaje que se establece a partir de una frase que el niño Cemí le escuchó decir a su abuela Doña Augusta donde esta aseguraba que: La caca del huérfano hiede más.

Al repasar Cemí su memoria no recordaba que esta aseveración estuviera incluida dentro del catálogo de los refranes que conocía. Este juego en la memoria de Cemí le permite incorporar fragmentos de poemas de Martí, lo que le otorga a la novela ese curso casi poético a la hora de su lectura y disfrute.

Páginas adelante vuelve a aparecer mencionado Martí cuando Lezama escribe:

“Es aquel que en la clínica médica —dijo Alberto impulsándose en la broma—, Martí ha descrito cuando dice: el corazón se me salió del pecho y lo exhalé en un ay por la garganta”. (p. 168)

Esta frase motiva una controversia entre los distintos criterios de Alberto, Santurce y Demetrio, acerca del comer y la cantidad adecuada y concluyen con una de Antonio Pérez, quien decía que sólo los grandes estómagos digerían veneno. Y todo alcanza su final, cuando, como por casualidad, se lee: “Por cierto que a José Martí le gustaba mucho esa frase del secretario perverso”. (p. 168)

Referir nuevamente a Martí en esta encrucijada de criterios es muestra de las múltiples lecturas que realizó Lezama de la obra martiana y cómo esos fragmentos le aportan un sentido de homenaje a la figura que tanto admiraba.

La última mención al nombre de Martí, es a partir de la observación de Cemí: “Cemí se sonrió al ver un guagüero almidonado, ya por la tercera carrilera lupular, que hipante y con los labios espumantes, decía: Estoy como lo soñó Martí, la poesía sabrosa, sacada de la guitarra con azúcar, con el lado azul que le puso mi chiquita”. (p. 284)

Vuelve Lezama a poner en boca de los personajes que forman este gran coro que es Paradiso, fragmentos de la obra de Martí que se incorporan y le aportan a la novela un sentido más universal, a partir del conocimiento de una obra que es imperecedera y que se renueva en la lectura creciente del joven motivado a indagar dentro de ese corpus que es la obra martiana.

Martí en Paradiso. Martí en Lezama, del azar concurrente al misterio de la poesía y su influjo.
 

Notas:

  1. Rodríguez, P. P (2003): “El tiempo pasado desde su muerte”. En: La Gaceta de Cuba, no. 1, UNEAC, p. 3.
  2. Las páginas referidas pertenecen a la edición de Paradiso, correspondiente al año 2002, publicado por Editorial Letras Cubanas.