Jesús Lara Sotelo: escribir aforismos es comenzar por la génesis

Jesús Lara Sotelo: escribir aforismos es comenzar por la génesis

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Jesús Lara Sotelo, Mitología del extremo, aforismo, Escritores, Plásticos

El artista de la plástica, poeta y narrador, Jesús Lara Sotelo, es el autor del libro Mitología del extremo, publicado por Ediciones Cuba y prologado por el crítico y periodista Rufo Caballero.

El también miembro activo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el autor de los títulos: Paradoja: capítulo al éxtasis, Zen sin Sade, ¿Llagas o enojo insomne?, Cuarto paso, ¿Quién eres tú, God de Magod?, Ascensión al Himalaya Interior y Alicia y las odas prusianas, entre otros textos.

El también artista del lente y realizador audiovisual ha participado en más de 60 exposiciones entre personales y colectivas, tanto en nuestro archipiélago, como en el exterior y ha sido laureado en varios certámenes de creación artística en el campo de la plástica cubana contemporánea. Su obra pictórica forma parte de colecciones privadas de más de quince jefes de estado, así como de otras personalidades e instituciones extranjeras.

A los lectores les agradaría conocer la motivación fundamental que le aguijoneó el intelecto y el espíritu, y consecuentemente, lo llevó a escribir los aforismos que aparecen recogidos en el libro Mitología del extremo.

Usted lo ha dicho y creo que la idea es exacta: comenzar por la génesis, ya que, como en todo, siempre hay un antes y un después, y no por casualidad me pregunto ¿Por qué creo pertinente llevar a la cuartilla en blanco las febriles ensoñaciones del ayer, la tiranía de la condición impertinente del hombre, de mí mismo, cuando los resultados de la humilde labor que realizo hoy son eficaces y de alguna manera útiles y halagüeños?

¿Por qué, pues, me es absolutamente necesario y honesto revelar la fuente, la raigambre, el imán proveedor para que otros vean de cerca realmente quiénes somos, y que ese aire de misticismo y maquillaje fresco no pierdan su gracia en la dramaturgia de nuestros autoengaños, pero si su mancha de superstición y veracidad?

En términos de arte, hay que matar el minotauro, no hay otro remedio, el arte es también dilucidar, desnudar lo inconfesable, jugárselo todo, ofrendarlo todo, porque eso somos en esencia y no otra cosa, porque allí está el substrato frondoso, ya que la calidad de las experiencias pasadas y vivenciadas acreditan el gran designio, que luego argumentará, nutrirá —de forma proteica y definitiva— la indagación, la búsqueda incesante.

En primera instancia, lo eminentemente preciso era hallar respuestas a la avalancha de interrogantes que me planteaba la realidad más inmediata, punzante, así como la voracidad de mi mundo interior por desentrañar los grandes misterios de la sinrazón y aquella vaga idea, pero perseverante, que luego estremecería todas las fibras de mi ser y mi creación: la condición  humana. Por otro lado, el estar inmerso en aquella difícil etapa que entraña la adolescencia, donde el riesgo hormigueaba debajo de los pensamientos y de los zapatos, y el todo sensual y lirico deslumbraba. Como era lógico, donde existía poco autodominio y los símbolos de la pasión lo ilusionaban todo hasta la hilaridad y el éxtasis (…) no quedaba otra opción que ceder y ser cómplice.

Esa es —quizás— la primera motivación para escribir: descorrer los peligrosos velos, las irreversibles aproximaciones al ímpetu conmovedor, no ya a mi verdad más egoísta y corta, sino a la verdad omnipresente, universal, breve, sentenciosa, que está plasmada en las páginas de la Mitología del extremo, y tal vez basada en la añoranza de revivir el yo niño y matar el yo adulto.

¿Cómo definiría un artista de la plástica por excelencia el vocablo aforismo y cuáles son —a su juicio— sus objetivos esenciales?

Un aforismo es una declaración o sentencia concisa, acordada por un gran número de eruditos, que pretende expresar el principio o la verdad de forma concisa, indescifrable, y en apariencia, cerrada.

El término aforismo fue utilizado por vez primera por Hipócrates, el padre de la Medicina, como la serie de proposiciones relativas a los síntomas, signos y diagnóstico de las enfermedades que padece el hombre. Después, ese concepto fue aplicado a la física, y con posterioridad, generalizado a todo tipo de principios. Sin embargo, es conveniente establecer la diferencia entre aforismo y axioma: los aforismos son el resultado de la experiencia, mientras que los axiomas son verdades que no requieren comprobación alguna.

Los aforismos han sido utilizados frecuentemente en aquellas disciplinas que —en un principio— carecían de un método científico por excelencia: la agricultura, la medicina, la jurisprudencia y la política, entre otras.

Los aforismos han sido cultivados por pensadores como el padre Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Martí y Enrique José Varona, ¿Qué le aporta ese texto al desarrollo de dicha manifestación literaria que, por su complejidad, ha sido poco tratada y mucho menos explotada, al menos en nuestro medio?

En primer lugar, ese bagaje que llega hasta hoy, ya no sólo de nuestros grandes pensadores y filósofos cubanos, quienes alcanzan una talla colosal en lo que respecta al pensamiento conciso y breve denominado aforismo, sino también de sus ilustres predecesores a todo lo largo y ancho de la civilización humana, ha dejado una huella indeleble en lo referente a los días del hombre sobre la tierra (…) cúmulo realmente inestimable como acervo cultural.

Para concebir un aforismo que produzca un impacto y aguijonee el intelecto y el espíritu humanos hay que observar y pensar mucho, hay que repasar los detalles y aristas más insignificantes, virar al revés los pensamientos, desarmarlos, saber de dónde provienen sus motivaciones. A veces, se enuncia algo sobre la espiritualidad, por ejemplo, pero la falta de conocimientos hace que cojee y no pueda alzar vuelo, lo cual avisa que el estudio creciente tiene que ser un ejercicio de inestimable valor y constancia.

Si echamos un vistazo al mundo sin mucho esfuerzo o sin ninguno, podemos apreciar que todo pensamiento con apariencia de real complejidad convoca al subterfugio, a la evasión, quizás porque nuestro modelo de pensamiento, es decir, el imperante, genera cierta apatía, ya que cada vez la autonomía del ser contemporáneo se reduce de forma alarmante, y con ella, nuestro deseo vehemente de adquirir conocimientos.

Bien es sabido el dolor que produce el saber, el odio que aviva en el otro, la envidia que despierta en aquel, que si bien puede adquirir la cúspide de sí, míseramente se arrastra, se desgarra el pecho con las piedras, ofrenda un ojo por ver ciego a otro. Hay que sobrepasarlo todo, extraer la enjundia del fondo de uno mismo (…)

No obstante, si se persevera en el empeño, los dividendos serán impensables, el saber, el arte de elevar a una dádiva el pensamiento humano es talento de los humildes y de los poderosos que han aceptado sus debilidades y han alcanzado una gigantesca estatura espiritual.       

Según su criterio, ¿Hacia qué esfera de la personalidad humana van dirigidos los aforismos recogidos en esa obra?

En realidad, los aforismos que aparecen en las más de 100 páginas de mi libro fueron seleccionados y extraídos de los siete pequeños volúmenes sobre los cuales se estructura, fuera del contexto situacional, literario e histórico, para el que fueron concebidos.

Dichos aforismos configuran una elocuencia conductora, es decir, un distanciamiento, un mejor enfoque crítico, que deviniera lo que es hoy la Mitología del Extremo, para establecer un género de narración interactiva, que pudiese concienciar al lector acerca del valor capital que posee el auto examen.

Además, era preciso romper el ritmo general, el tempo inicial y cederle paso al discurso aforístico atravesado por otro canal, o sea, por el de la historia, una interlocución que compartiese esas experiencias confidenciales, dolorosas y honestas con el lector y crear el entorno idóneo para la meditación.

Por lo tanto, mis aforismos están dirigidos hacia la esfera de la espiritualidad, hacia un despertar del espíritu. En fin, es un homenaje a esos grandes intelectuales cubanos que fueron, son y serán: el venerable padre Félix Varela, don José de la luz y Caballero, José Martí y don Enrique José Varona.

¿Algún consejo o recomendación a los pinos nuevos que muestren interés por incursionar en el arduo campo de los aforismos? 

Si desea, amigo lector, ir al fondo oscuro del universo, de usted mismo, y retornar con el espíritu lleno de riquezas y con alas tan poderosas como las de las águilas que vuelan hacia la cima de la montaña, busque sin cesar, extravíese sin cesar, encuéntrese en todas partes, descúbrase libre de usted mismo, y convierta el saber en la más excelsa fe que jamás haya imaginado. Todo eso —más allá de hacer con el alma un aforismo brillante— lo hará un gran ser humano, el escalón más elevado al que debe y puede aspirar el soberano de la creación.