Contra el olvido a favor del futuro

Contra el olvido a favor del futuro

  • Raquelita, como todo el pueblo de Cuba la reconoce, ha logrado ganarse el cariño del público, en especial con la conducción de Contra el olvido. Foto tomada del Portal de la televisión Cubana
    Raquelita, como todo el pueblo de Cuba la reconoce, ha logrado ganarse el cariño del público, en especial con la conducción de Contra el olvido. Foto tomada del Portal de la televisión Cubana

“Olvidar el pasado es correr el riesgo de dejar indefenso el futuro”; excelente y universal esta premisa de Félix Pita Rodríguez a la que nos remite Raquel Mayedo. Raquelita, como todo el pueblo de Cuba la reconoce, ha logrado ganarse el cariño del público. Se ha ganado un puesto en cada familia cubana como conductora de varios programas de nuestra televisión. Uno de los que  merece ser recordado, porque precisamente se levanta Contra el olvido del patrimonio audiovisual cubano. Con guion y dirección de Dulce María Hernández y la asesoría de Magda Martínez, sin olvidar el imprescindible resto del equipo.

Gracias a ese espacio se pudo disfrutar este miércoles 23 de mayo, de aquel espacio televisivo de los años 60, del que solo investigando había podido escuchar: Su noche favorita, eminentemente para comedias musicales, y en particular su puesta de Imagínese, en el entonces Canal 6 del Icr (como aún se le llamaba). Hace ya más de medio siglo y de antaño, e incluso, de antes, hemos podido apreciar muchas otras obras que nos permiten comparar en el tiempo con la televisión actual. Pudiéramos pensar que la comparación no cabe porque el desarrollo tecnológico y demás debe favorecer con creces a todo lo actual; sin embargo, es este un reduccionismo demasiado simplista y acrítico, puesto que al ver tales programas (el detonante es un buen ejemplo, pero al repasar más profundamente por la producción de antaño, no pocos son tan buenos, quizás mejores, en varios géneros) comprendemos que no siempre lo más reciente es lo mejor; en esta, como en tantas otras esferas del mundo.

Muchas veces (como en todo en la vida) por facilismos e ignorancia, se obvian los antecedentes, para sumirnos en un presente con numerosas insatisfacciones, que no necesariamente son malas, pues reflejan el espíritu de progreso contra un conformismo que dista mucho de revolucionar, por definición; ya precisar qué molesta, o al menos no satisface (me refiero a satisfacer necesidades, mucho más complejo pero urgente que satisfacer “gustos y preferencias” al estilo “pan y circo”), es una base esencial para mejorar, y he ahí el papel imprescindible de la crítica de la que como siempre, excluyo la “criticonería” no profesional, carente de investigación y de más sustento que el esnobista gusto.

Y si agregamos los aportes tecnológicos de estas últimas décadas, que son en sí mismos un valor, pero se desvaloran al descansar en ellos sin emplearlos de forma creativa y artística, contra aquella televisión en vivo (qué fácil se dice… cuántas tensiones, exigencias, talento, improvisaciones y soluciones “al momento” adecuadas, requería, y requieren los pocos ejemplos que perviven) pues… la comparación sí cabe, precisamente al considerar que  aquellos Maestros (y Maestras, aun contra el mal llamado “discurso de género”) de siempre, resultaban mucho más creativos y artísticos que muchos de hoy con muchas más facilidades, y tal vez por eso mismo, acomodados a ellas. 

Hay que agradecer (como reconoció el programa con toda justicia) a esa otra tan grande como hermosa, carismática, indispensable, talentosa y con tanto prestigio de excelente ser humano en los medios (a mi juicio el más importante de todos los talentos), Diana Rosa Suárez, haber facilitado el “Imagínese” que propició estas líneas (ratifica su brillante condición de ser humano, al compartir sus tesoros con todo nuestro pueblo); de alguna manera, sirvió como un tributo más (nunca suficientes) para reconocer los valores de nuestra impar Rosita Fornés, siempre sorprendentes e insospechados en su infinitiva versatilidad; pero con ella también de los injustamente relegados (para perjuicio de nuestro patrimonio) Armando Pico y Mario Martínez Casado, y Eloísa Álvarez Guedes, Elena Bolaños, Luis Lloró, Lope Santos y la misma Diana Rosa, entonces tan jovencita pero que al igual que la Rosa, sin perder nunca hasta hoy su gracia, talento y belleza, renovadas como el Ave Fénix en cada momento de su vida; libreto y música de Carlos Irigoyen Sierra, dirección de Roberto Garriga, arreglos orquestales de Eddy Gaytán con la orquesta del Icr dirigida por Rafael Somavilla, el coro de la televisión que dirigía Octavio Marín y el ballet de la televisión con coreografías de Joaquín Riviera. Estas puestas se agradecen hasta con las “fallas de origen” (que incluso las autentifican) lógicas por el tiempo y el descuido de algunos, pero hoy felizmente salvadas para todos, gracias a los empeños de quienes siempre trascienden, aun sin proponérselo.

Y ninguna idea mejor que haber completado el espacio mencionando al menos en tan breve síntesis (no es posible más) algunos pocos hitos de su vastísima y tan versátil trayectoria, y mostrando la gala por su 90 cumpleaños de nuestra eterna Rosa de Cuba, dirigida (además del diseño de escenografía y de luces) por Alfonso Menéndez con las interpretaciones de lujo (sin excepción, incluidos coros y bailarines) de María Eugenia Barrios, Maylú Hernández, Milagros de los Ángeles, Bernardo Lichilín, Lourdes Torres (cantando en francés con sus pasiones y temperamento a que tan bien nos acostumbró y que exige todo arte) y entre los nuevos valores, Teresa Yanet, finalista de la última emisión de Sonando en Cuba, y la conducción de Niro de la Rúa. Nunca los olvidemos, y que sean nuestras lecciones a aprender cada día, para un mejor futuro; que por esta y otras muchas de sus emisiones, este programa tampoco quedará, nunca, bajo el polvo del olvido.