René Álvarez: Príncipe del son y el bolero

NOSTALGIA MUSICAL

René Álvarez: Príncipe del son y el bolero

  • Es difícil que los músicos de hoy, incluso los soneros, conozcan la figura gloriosa que fue René Álvarez. Foto tomada de Internet
    Es difícil que los músicos de hoy, incluso los soneros, conozcan la figura gloriosa que fue René Álvarez. Foto tomada de Internet

Es difícil que los músicos de hoy, incluso los soneros, conozcan la figura gloriosa que fue René Álvarez. Las luminarias de la música cubana hay que recordarlas y mantenerlas en el “continum” sonoro de la radio nacional.

René Álvarez fue llamado el príncipe del bolero y gloria de Cuba. Nació en el mismo pueblo de Fernando Collazo, Silvio Rodríguez y Raimundo Valenzuela.

El ruiseñor de Ariguanabo, también vivió un tiempo en la localidad del Rincón, en la zona de Santiago de las Vegas (donde se encuentra la iglesia de San Lázaro, centro de peregrinación de fieles). De esta pequeña localidad, René fue a parar a la gran ciudad, allá tuvo que dormir al lado de los leones del Paseo del Prado, así me decía sin complejos de ningún tipo.

Poco a poco se fue haciendo conocer como cantante, debuta en 1932, con la agrupación de Genaro Godínez, después con la Gloria de Cuba, Septeto de Alfredo Boloña. En los finales de la década de 1930 lo contratan como voz prima y claves del conjunto Carabina de Ases, entre los mejores de la época. En 1940 hace historia con la orquesta de Regino Frontela Fraga: Melodías del 40, hasta que en 1945 organiza Los Comandos de René, con los que viaja a Panamá, pero no tienen larga vida. Tiempo después, en 1946 sustituye a René Scull en el conjunto de Arsenio con el que graba algunos temas.

En 1948, funda Los Astros, en una corta etapa, aunque en la mejor tradición de Arsenio, con un estilo muy cálido, según leemos en las notas del CD Tumbao 62, de Jordi Pujol.

Grabaciones antológicas de René: Jorobao, tú no me conoces a mí, Yumbalé, Yambú, Lindo yambú —compuestas por el mismo—. Y aquellos cañonazos como: Me voy pa´Morón, Acércate madre, Brindis, el niño prodigio. En 1948 con Arsenio graba: A la virgen de Regla, Mi china, Bibelot de chocolate, Tú fuiste la culpable, Lindo yambú —de su creación—, Ay José, Yo soy congo, Yumbalé.

En 1976 le editan el disco: René y su Conjunto Modelo. En 1974: René y los Astros. En 1978 grabó con el conjunto Guaguancó en el Solar, el disco salió tarde, en 1999, cuando ya había estallado el Boom de Buena Vista Social Club. Cristóbal Díaz Ayala cataloga el disco con sabor a son de la década de 1940 y 1950, no podía ser de otra manera. El maestro considera una verdadera autenticidad y más sabor que lo realizado con el Buena Vista Social Club.

El estilo de René era puramente sonero, versátil para la improvisación y con un timbre agudo, vital, con sabor a campo, con tremenda acometividad y cierta guapería barriotera; hay que escuchar la canción Carmelina, donde deja a la sombra al mismísimo Panchito Riset, que eso es mucho decir. Carmelina creo que le pertenece a Bienvenido Julián Gutiérrez y trata jocosamente de una mulata que no hace colas, una especuladora; la canción tal parece hecha hoy día.

Conocí a René en la década de 1980, cuando el investigador Helio Orovio me dijo: “Ves ese negrito bajito y gambao, con gorra de guaguero de la COA (Cooperativa de Ómnibus Aliados); ese fue un famoso cantante de grandes conjuntos y orquestas cubanas”.

A partir de entonces comencé a entrevistar a René, visitaba mi casa, me invitaba a su peña en el reparto Bahía donde se presentaba con su grupo de son. Me contó  secretos de la música y me dejó muchas fotos de enorme valor testimoniante de sus éxitos en la Tropical.

Una de esas fotos pertenece a una de sus presentaciones en La Tropical, donde le entregan un Disco de Oro, se observan las mulatonas y negronas encima de él. En otras fotos se encuentra el Caruso del Son Abelardo Barroso y una de ellas está junto a su amiga María Teresa Vera. René falleció en el momento en que renacía el son tradicional con el Buena Vista Social Club.

Hubiera alcanzado un nuevo aire y fama mundial como los demás integrantes del proyecto sonero. En nombre de nuestra amistad, con el reconocimiento del escritor y periodista Terry, le publiqué una nueva crónica el día de su fallecimiento, la titulé. No debe haber olvido para el Príncipe del bolero, El Habanero, 17 de marzo del 2000, p. 6).

Anteriormente le había dedicado, en la prensa, una reseña que lo puso muy contento.

Cuando cumplía años me invitaba con Eduardo Rosillo a comer chilindrón de chivo, en su apartamento del reparto Bahía.