Fin de semana entre guitarras y piano

NOSTALGIA MUSICAL

Fin de semana entre guitarras y piano

  • El concierto de Luna se grabó, seguramente para un DVD y esperamos tenerlo pronto en la TV. Foto tomada de Cubarte
    El concierto de Luna se grabó, seguramente para un DVD y esperamos tenerlo pronto en la TV. Foto tomada de Cubarte

La Habana es una plaza fuerte de la música, este fin de semana contamos con el Festival y Concurso de Guitarra Internacional de La Habana y el ‘conciertazo’ del pianista Rolando Luna (Buena Vista Social Club).

El Festival y Concurso de Guitarra contó, en especial, con tres colosos de la guitarra del exterior: Eliot Fisk, Pepe Romero y Egberto Gismonti. Hay que mencionar a los cubanos residentes en el exterior que vinieron a reforzar la excelencia de los instrumentistas nacionales.

Sin embargo, algunos conciertos no tuvieron el público que merecían los invitados, tampoco aprovecharon su presencia para filmar algunas de las presentaciones en la televisión para que las grandes masas lo disfrutaran en programas como Bravo.

Tampoco se difundió como merecían los guitarristas que participaron, baste decir que en la ciudad estudia una amplia cantidad de guitarristas y de otros instrumentos afines. Todos esos estudiantes tienen el compromiso escolar de ver a los grandes maestros ya que, en otros países, escucharlos cuesta una buena suma de dinero.

Cuba hace enormes gastos de dinero en la cultura y, no es posible que se empleen tantos recursos para que, a la larga, los teatros estén casi vacíos en muchos casos y no se aprovechen estas visitas de grandes de la música mundial para que estén en la pantalla de la TV que ya no es tan chica. Constantemente debieron en los medios de difusión estar insistiendo en estos conciertos que se dan en la ciudad pocas veces en el año.

Por ejemplo, Eliot Fisk, con cuarenta años de experiencia, alumno de Oscar Ghiglia, Alirio Díaz y Andrés Segovia, fue instructor en la Universidad Mozarteum de Salzburgo, Austria; y el Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston. Estuvo en la tabla del álbum clásico de la revista Bilboard. Está situado entre los más grandes de la guitarra actual.

Pepe Romero, quizás el más cercano al gusto popular cubano, brindó un concierto que complació a los asistentes, tiene la pasión de los latinos, la fuerza de los virtuosos.

Egberto Gismonti, de Brasil, (72 años) funde las tradiciones brasileñas, la savia de Villa-Lobos, el jazz y la música escolar. Estudió en Viena y se ha presentado en casi todos los grandes festivales de guitarra internacionales. Gismonti es un guitarrista distinto, singular y muy apreciado internacionalmente, amigo de Leo Brouwer y de Cuba.

Cuba no ganó el Concurso de Guitarra, por diversos motivos, todo parece indicar que no es el gran momento de la guitarrística en Cuba, como si lo fue en la época de Leo Brouwer (década de 1970). De cualquier manera, hay un potencial académico y este Concurso y Festival que se reanima, seguramente traerá nuevos frutos en el instrumento de la guitarra, que no es el instrumento nacional por excelencia, pero es muy querido en la tradición musical de la nación. A la hora de hablar de instrumentos nacionalizados hay que pensar también en el tambor, el rey de los ritmos cubanos.

Piano en salsa

Del concierto de Gismonti el domingo en la tarde, viajamos, raudos y veloces al teatro Martí, para disfrutar el concierto de Rolando Luna, integrante de la orquesta Buena Vista Social Club. Luna es, actualmente, uno de los pianistas más cubanos y valiosos. Domina a los clásicos y en lo popular entiende y remodela a gloriosos compositores como Israel López “Cachao”.

Luna, en este concierto Universo de identidades, me recordó (en el repertorio) a Leo Brouwer, que iba de los más clásicos a los temas más amables y populares, como los boleros de Vicente Garrido No me platiques más y Osvaldo Farrés Tres palabras.

Es admirable que un músico tan joven como Luna se apodere de venerados genios como Cachao, en una obra como Se va el matancero (1940), una especie de reestreno, de una época remota como la etapa del danzón-mambo, preludio de una de las más grandes revoluciones de la música cubana. Es una de las épocas de fundación en la que se gestaron ritmos decisivos como el mambo y el chachachá, que invadieron y pusieron al mundo ‘patas arriba’, usando una frase de Gabriel García Márquez, Premio Nobel y promotor de la música cubana.

La ejecución de Luna, en esta obra de Cachao, es digna de llevarse a la radio y la TV, es una manera de realzar nuevamente lo que fue —y sigue siendo— obras de antología, de la música popular cubana. Si Cachao volviera a vivir, se sentiría muy orgulloso que su música reviva en su propia tierra, donde, en la década de 1940, llenaban todas las sociedades de la ciudad y de todo el país, dentro de una época que se encuentra en los anales como una de las que más aportó a la historia de Cuba. En la historia de la discografía nacional hay centenares de obras como estas que hay que reestrenar, para que las nuevas generaciones conozcan a ilustres músicos que tuvo Cuba y que deben mantenerse en los tiempos actuales. La modernidad que le impregnó Luna a esta obra de Cachao, de casi ocho décadas de creada, hay que presentarla y difundirla en Cuba y en el exterior para demostrar que la música cubana pervive.

Luna se presentó con dos compañeros de estudio: Armando Gola en el contrabajo y Oliver Valdés en el drums, que lo acompañaron en México con el disco Universo de identidades, presentado en este concierto habanero.

El concierto de Luna se grabó, seguramente para un DVD y esperamos tenerlo pronto en la TV, porque la música hay que hacerla masiva y no solamente para un grupo de asistentes que tienen la oportunidad de estar en los teatros.