Un libro imprescindible, si de historia y beisbol se trata (1)

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Un libro imprescindible, si de historia y beisbol se trata (1)

  • El historiador, profesor y ensayista Félix Julio Alfonso López es quien más y mejor ha estudiado en nuestro país la relación entre beisbol, historia y cultura. Foto tomada de Ecured
    El historiador, profesor y ensayista Félix Julio Alfonso López es quien más y mejor ha estudiado en nuestro país la relación entre beisbol, historia y cultura. Foto tomada de Ecured

El historiador, profesor y ensayista Félix Julio Alfonso López es quien más y mejor ha estudiado en nuestro país la relación entre beisbol, historia y cultura, y sobre ello amén de eventos académicos, charlas e innúmeros artículos —en el más reciente (2)  comenta en una lectura poliédrica sobre la pelota y las criollas independentistas en Cayo Hueso, el poeta Regino Boti jugando en su natal Guantánamo, o una novela naif y peloteril de Víctor Muñoz—,  tiene además publicado entre otros títulos, Beisbol y estilo. Las narrativas del beisbol en la cultura cubana (2004), La letra en el diamante (2005), La esfera y el tiempo (2007), Apología del beisbol (2013), y Beisbol y nación en Cuba (2015). Todo lo anterior conforman los antecedentes naturales, los anteproyectos ambiciosos de lo que será una obra mayor, El juego galante (2016), merecedor el pasado año del premio de la crítica del Instituto Cubano del Libro y el premio del rector de la Universidad de la Habana a la obra científica, y que recoge su tesis sobre el beisbol y la sociedad colonial en el siglo xix, con que obtuviera el doctorado en historia, y cierra un ciclo de más de quince años de indagaciones sobre nuestro deporte nacional —desde aquel primer texto aparecido en La Gaceta de Cuba (3)—, para abrir una nueva etapa de sus perseverantes exploraciones sobre un tema que como todos sabemos es inagotable. Soy testigo de su acción intelectual y desvelo por lo que en buen cubiche llamamos la pelota y su impronta cultural y, como otros colegas y amigos, siempre he alentado en él esa pasión con convenida y gozosa complicidad.

En el inicio de su prólogo a este volumen el ensayista y profesor cubano-americano Roberto González Echevarría, toda una autoridad en la materia, establece los presupuestos básicos del estudio que comentamos: “El auge de los deportes modernos tiene un origen doble: por un lado un factor histórico relacionado con el desarrollo del nacionalismo durante el siglo XIX; por otro, elementos atávicos en la base de todo juego colectivo físico (…) la entrada del beisbol en la cultura cubana participa de ambos, pero el proceso reviste características propias debidas a las peculiaridades del país y al período específico en que se da el fenómeno (…) cuando se forja la conciencia nacional (…) El juego está profundamente conectado con (…) la política, el desarrollo social, la economía, la literatura, la música, y la guerra libertadora”. Pues como apunta el propio González Echevarría, citado más adelante por el autor, “el beisbol que se jugó en Cuba en el siglo XIX constituye un origen fabuloso, que tiene más de mito que de hecho histórico. Pero cuando se trata de identidades nacionales, los mitos suelen ser más importantes que la historia misma”. Y aprovecho para traer a colación los grandes mitos de nuestro mestizaje integrador tanto en lo religioso, la Caridad del Cobre; lo literario, Cecilia Valdés; y lo épico, Antonio Maceo. Después vendría la pelota como expresión emergente y simbólica en “el proceso de construcción de la identidad nacional”.  Tradiciones legítimas que nos sustentan hasta hoy.

Félix Julio oportunamente ha estudiado en otros momentos sobre la naturaleza rebelde de lo que representó hace más de siglo y medio el nuevo deporte con relación a las modos y modas de la metrópoli, «es un hecho comprobado, tanto en la literatura como en la prensa periódica, la suspicacia de las autoridades coloniales con relación al beisbol», aunque no existen pruebas hasta el momento que verifiquen una política ejecutada al respecto y que corresponda con sanciones o prohibiciones, el estudioso cita al ineludible Wenceslao Gálvez, cuando este apuntó un hecho bien curioso, con más de astracanada, “refiriéndose a un suceso ocurrido en Cárdenas, donde ‘Un agente de la autoridad creyendo haber descubierto una conspiración, sorprendió un plano del terreno que tenían los organizadores, pretendiendo que dicho plano pertenecía a la estrategia militar separatista. Afortunadamente un superior había visitado los Estados Unidos y disipó el error del personaje’” (4).

Algunas de esas iluminaciones sobre la importancia de la pelota en el tejido nacional podemos registrarlas como un abanico donde se mezclan las claves personales y las que tomamos prestadas, que nos acompañan desde el desembarco de los primeros implementos beisboleros traídos por los hermanos Guilló,  nutriéndose de sustancias identitarias, que no por gusto fueron vecinos en tiempo y espacio El Palmar de Junco y Las Alturas de Simpson, dado que la pelota y el danzón fueron expresiones de esa voluntad de independencia que estaba larvada en la verdadera naturaleza de los jóvenes criollos de la época. Por ejemplo del director de orquesta, instrumentista y compositor del último tercio del siglo XIX, Raimundo Valenzuela, se puede decir que…“su relación directa con el beisbol viene de cuando, desde los inicios de ese deporte, al final de los desafíos amenizaba con su orquesta veladas bailables (…) logrando una agradable conjunción arte-deporte” (5).

El autor, en un panel sobre pelota y cultura, citó un ejemplo de ese encuentro entre los llamados procesos marginales y sus motivaciones más profundas, cuando estas se reconocen en el campo de la religiosidad:

Fíjense, las luchas entre efik y efok de la secta abakuá, la comparación que hace Lydia Cabrera en La sociedad secreta abakuá, narrada por viejos negros, “es como si fueran los matches de Habana y Almendares. Esto es tremendo, y les da una idea de la dimensión que tiene el beisbol, incluso en cada concepción antropológica (…).”

Cronistas e historiadores de épocas pasadas como Wenceslao Gálvez, Raúl Diez y Muro, Víctor Muñoz o Eliades Secades, hasta nuestros días como Severo Nieto, Roberto González Echevarría, o el buen amigo Félix Julio Alfonso, han reivindicado la pelota como expresión de identidad y soberanía de esa cultura cubana, “mezclada o níspera”, al decir rellollo de un estudioso, que desde sus raíces decimonónicas han conformado un referente esencial de las identidades y la centralidad cultural de nuestro presente como cubanos.

 

Notas

(1) Félix Julio Alfonso López. El juego galante (Editorial Letras Cubanas, 2016).

(2) Félix Julio Alfonso López “Cayo Hueso/ Guantánamo/ Santiago/ La Habana: historia, literatura y beisbol” (inédito)

(3) Félix Julio Alfonso López. “Juego perfecto” (La Gaceta de Cuba, número dos, marzo-abril de 2003, pp. 12-18).

(4) Félix Julio Alfonso. Beisbol y estilo. Las narrativas del beisbol en la cultura cubana (Editorial Letras Cubanas, 2004) p. 24.

(5) Juan A. Martínez de Osaba, Félix Julio Alfonso, Yasel Porto. Enciclopedia biográfica del beisbol cubano. Tomo I. siglo XIX. (Editorial José Martí, 2015,  pp. 262-63).