Del Cuartel de la Montaña a La Habana: testimonio de un exiliado republicano (II)

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Del Cuartel de la Montaña a La Habana: testimonio de un exiliado republicano (II)

  • Nos dejó entre otras historias de vida una memoria breve, pero medular, que dio en llamar Del Cuartel de la Montaña al Quinto Regimiento. Foto tomada de internet
    Nos dejó entre otras historias de vida una memoria breve, pero medular, que dio en llamar Del Cuartel de la Montaña al Quinto Regimiento. Foto tomada de internet

La voz de los poetas recogió como nadie la gesta de aquellos milicianos. Como asevera la escritora y crítica madrileña Marta Sanz[1]: “Durante la guerra de España, los poetas, impelidos por los rigores de la actualidad, se habían dedicado a hacer lo que sabían: ahí están los textos de Alberti, Hernández, María Teresa León, Altolaguirre, Neruda, Huidobro en El Mono Azul; más tarde, los versos de Ángela Figuera contra los poetas de la rosa en una posguerra de orfandad, represión y hambruna. La literatura de urgencia cree en la palabra —bella o fracturada— como acción. Se aproxima de un modo no escéptico al lenguaje. La poesía es arma cargada de futuro y en cada representación de la realidad alguien toma partido. Cuando vacila, teme, sospecha. También cuando legítimamente afirma.

Así inmortalizó Pablo Neruda [2] la convocatoria de aquel regimiento de izquierda en defensa de la república: “Yo conocí a Bolívar una mañana larga/ en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento. / “Padre”, le dije, “¿eres o no eres, o quién eres?/ Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo “Despierto/ cada cien años, cuando despierta el pueblo”.

Y uno de sus integrantes, el poeta Rafael Alberti, nos ofrece un retrato vívido: “Mañana dejo mi casa, / dejo los bueyes y el pueblo. / ¡Salud! ¿A dónde vas, dime?/ –Voy al Quinto Regimiento. / Caminar sin agua, a pie. / Monte arriba, campo abierto. / Voces de gloria y de triunfo. / –¡Soy del Quinto Regimiento!.

Derrotada la causa republicana, rotos los sueños y las esperanzas, el combatiente andujareño cruza en 1939 la frontera con Francia y es enviado al Campo de Concentración no. 17 (Saint Cyprien). En una larga entrevista que le hice a Félix Pita Rodríguez[3], el poeta bautizó a León Blum, jefe del gobierno galo, como “un hijo de la gran guayaba”, a tenor de la complicidad pasiva de su régimen durante la guerra civil y la intervención del eje nazi-fascista, y del posterior engendro por la administración francesa de estos aparentes “campos de refugiados” que no eran más que de retención (se reconocerían de “concentración”), donde fueron confinados los hasta ayer defensores de un gobierno legítimo. En otro testimonio, que recoge su viuda, la poeta Ángela de Melo, Félix cita el campo de Saint Cyprien, entre otros, como ejemplo de esos nefastos centros de internamiento, donde las pésimas condiciones sanitarias y la desnutrición campeaban por su respeto. De esa dolorosa experiencia tengo también los recuerdos del amigo y escritor venezolano Juan Riquelme, cuyos padres sufrieron esa dolorosa experiencia. En uno de esos campamentos nació su hermana mayor y como consecuencia de las serias deficiencias del régimen alimenticio que padecieron sus progenitores, ella y él mismo, ya nacido en el exilio venezolano, heredaron una insuficiencia vitamínica con afectaciones óseas. Con posterioridad, ya en una Francia ocupada por los nazis, los sobrevivientes que no pudieron escapar tuvieron otra suerte trágica, como “…los centros de refugiados de Argelès-sur Mer y Gurs, (donde fueron destinados) a trabajos forzados en el campo de Saint-Mèdard, controlado por el Gobierno de Vichy”[4]. Otros corrieron igual o peor destino, pues fueron entregados por la policía alemana a las autoridades franquistas.

En 1940 llega el refugiado Carnero a República Dominicana y edita la revista Ozama, voz de los refugiados hispanos en ese país. Pasó a ser entonces “[…] uno de los muchos españoles que llegaron a ese mar salpicado de islas, que es el Caribe, navegaron en busca de su destino y recalaron unos, en Santo Domingo, otros en Puerto Rico y no muchos en Cuba. A los que lo hicieron se les autorizaba a realizar solo actividades culturales, aunque ellos, en la clandestinidad siguieron trabajando por sus ideales, con la esperanza, incluso de un cambio político en España”[5]. En 1941 llega a Cuba y de inmediato se vincula a la Casa de la Cultura [6], centro del destierro anti-franquista que acogió y organizó a los exiliados republicanos, y trabaja de redactor del periódico Nosotros, órgano divulgativo de esta entidad que tuvo como lemas “Por la libertad del pueblo español” y con posterioridad el de “Portavoz de la lucha del pueblo español”. La Casa de la Cultura fue tribuna de eventos públicos, numerosas presentaciones culturales y ciclos de conferencias, de las que citaría como ejemplo ilustrativo, “Los intelectuales y artistas del mundo y la guerra de España”, impartida en noviembre de 1940 por Nicolás Guillén. A partir de 1945 la Casa de la Cultura organizó varios congresos que tuvieron como sede el Centro Asturiano.

En 1943 Manuel se casa con la emigrada catalana Mercedes Canals Farriols, la que en su larga y fructífera vida junto al activismo político por la causa de su patria natal y la de adopción, fue enfermera, masajista, y traductora.

“En un hospital de Barcelona se graduó de enfermera y también obtuvo el título de profesora de educación física y deportes. Poco después del estallido de la guerra civil fue nombrada directora de la guardería infantil de la fábrica de hilados Tecla Salas, en L’Hospitalet, e ingresó en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña. Tomó parte en varias tareas de la resistencia anti-franquista y ante la caída de Barcelona cruzó la frontera francesa en febrero de 1939. En septiembre viaja a República Dominicana y en abril de 1941 arriba a La Habana, donde se radica. Trabaja como voluntaria en la Casa de la Cultura…”[7]

Militante del Partido Socialista Unido de Cataluña, Mercedes Canals cumplió tareas en la Unión de Mujeres Españolas. En 1959 se incorporó a los órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior, y durante largos años, hasta su retiro en 1983,  se desempeñó como  traductora para el Partido Comunista de Cuba. En la última etapa de su vida le fue reconocida por el gobierno español su condición de viuda de un combatiente del ejército republicano, aunque por un ardid burocrático, con el pretexto de no ser Manuel militar de academia, solo le otorgaron la pensión de soldado y no la de oficial, como le correspondía a su grado de comandante.

 

Notas:

[1] Marta Sanz. “¿Es posible una literatura de urgencia?” (El País digital, sábado 26 de agosto de 2017).

[2] Ariel Dorfman “Una lección sobre migración de Pablo Neruda” (New York Times,  versión digital, jueves 8 de marzo de 2018). “El 4 de agosto de 1939, el Winnipeg zarpó hacia Chile desde el puerto francés de Pauillac con más de dos mil refugiados que habían huido de su natal España. (…) Entre los cientos de miles de simpatizantes desesperados de la República española que habían cruzado los Pirineos para escapar de la masacre fascista estaban los hombres, mujeres y niños que habrían de abordar el Winnipeg y arribar un mes después al puerto chileno de Valparaíso. (…) El responsable de su milagrosa escapatoria fue Pablo Neruda que, a la edad de 34 años, ya era considerado el poeta insigne de Chile. En 1939, su prestigio ya era lo suficientemente importante como para convencer al presidente chileno, Pedro Aguirre Cerda, de que era imperativo que su pequeño país ofreciera asilo a algunos de los maltratados patriotas españoles que se pudrían en campos de internamiento franceses”.

[3] Norberto Codina. “La buena memoria”. Entrevista a Félix Pita Rodríguez. (La Gaceta de Cuba, no. 3, La Habana, mayo-junio, 1995, pp. 12-17).

[4] Cristian Segura. “Un reclutador de españoles para los campos nazis” (El País digital, 28 de abril de 2018).

[5] Juan Rubio Fernández. Ob. cit.

[6] Fundada en 1938 como Casa de la Cultura y Asistencia Social, y a partir de 1944 conocida solo como Casa de la Cultura, donde la militancia comunista tuvo una significativa influencia.

[7] Jorge Domingo Cuadriello. El exilio republicano español en Cuba (Ed.de Ciencias Sociales, 2012). pp. 398-399.