Los cangrejos de Caibarién son los mejores

Natural de Caibarién

Los cangrejos de Caibarién son los mejores

  • Y es que el cangrejo tiene mucho que ver con la historia, las costumbres y la gastronomía propia del pueblo. Foto tomada de ACN
    Y es que el cangrejo tiene mucho que ver con la historia, las costumbres y la gastronomía propia del pueblo. Foto tomada de ACN

Siempre he pensado que las personas que visitan por primera vez Caibarién, tanto cubanos como foráneos, deben asombrarse de ver a la entrada de la ciudad, una enorme escultura de un cangrejo, y se preguntarán por qué, y también querrán saber por qué a los caibarienenses nos dicen cangrejeros.

Debo decir aquí que la escultura es de la autoría de Florencio Gelabert, un famoso escultor nacido también en la Villablanca, y autor de importantes obras escultóricas.

Y es que el cangrejo tiene mucho que ver con la historia, las costumbres y la gastronomía propia del pueblo.

En Caibarién hay dos tipos de cangrejos, el cangrejo moro, que vive en el mar, tiene colores fascinantes y sus muelas enchiladas son una delicia, tanto en el sabor como en el olor.

Hace muchos años un gran poeta asturiano llamado Alfonso Camín, que vivió en Cuba  y conoció mucho de la isla escribía:

“Mulata, tú sabes bien

que yo te amé como un toro

olías a cangrejo moro

de Sagua y de Caibarién…”

Y hay otro tipo de cangrejo llamado “de la tierra”, que evidentemente no vive en el mar y si en las afueras del pueblo, en el campo, dentro de cuevas que ellos mismos fabrican.

Pero estos animales tienen un extraño comportamiento. En cierta etapa del año, (ahora mismo está sucediendo) salen de sus cuevas en horas de la noche e invaden el pueblo. Salen por miles, tanto que a veces interrumpen el tránsito en carreteras y caminos, y este es el momento en que los “cangrejeros” aprovechan para cazarlos, arrancarles las muelas grandes, (el cangrejo tiene la capacidad de que le vuelva a crecer) y venderlas en el pueblo.

No olvido que por unos centavos compraba una o dos docenas de muelas, y las llevaba a mamá, quien luego de fregarlas bien, las cocinaba, después las rompía y sacaba la masa de su interior, con esa masa se hacía un aporreado que sabía a gloria. Hace años que no lo pruebo, y no sé si algún día tendré esa oportunidad.

Pero no solo es la escultura de Florencio Gelabert y el poema de Camín los únicos homenajes a los cangrejos de Caibarién. En mi infancia había un músico medio loco, que tocaba el trombón de vara, y andaba con su trombón por bares y cantinas, tocando las melodías que se pueden tocar solo con un trombón, y recogiendo las monedas que almas caritativas le daban. Se llamaba Juan Luis y le compuso una especie de himno a los cangrejos. La letra dice así:

“Los cangrejos de Caibarién son los mejores

no le entren a palos no sean abusadores

no le entren a palos no sean abusadores.

Salen de madrugada por la calle a caminar

con las cangrejas lindas para el pueblo visitar

se suben en sillas, en mesas y sillones

se esconden en cajas, en caños y fogones.

No le entren a palos no sean abusadores

no le entren a palos no sean abusadores…”